miércoles, 6 de marzo de 2013

Revista Sinécdoque N°3 - "Imaginar cuerpos azules: de cyborgs, avatars y alter-egos en Pandora" (Escriben Ariana Atala y Gino Cingolani)

Cyborgs/avatares/cuerpo

Imaginar cuerpos azules: 
de cyborgs, avatars y alter-egos en Pandora
Escriben Ariana Atala y Gino Cingolani


Un cuerpo azul salta desde el suelo hasta la copa de un árbol en una selva alienígena, un humano sobre una máquina militar lo enfrenta torpemente pero con fuerza, destruyendo con cada movimiento toda la vegetación que lo rodea.
Esta escena, este instante, condensa las dos representaciones de intervenciones técnicas sobre el cuerpo que pone en juego el film Avatar. No se trata ya del clásico encuentro entre un Otro extraterrestre y un puro humano. En esta película los dos conceptos se mezclan.
Los cuerpos humanos están potenciados tecnológicamente para adaptarse y destruir un planeta diferente a la Tierra y en las filas de los Otros podemos encontrar humanos infiltrados en cuerpos-alien, avatares.
¿Qué pone en juego cada imaginario en estas representaciones? ¿Cómo la técnica atraviesa ambas concepciones de un modo diferente pero desde la misma matriz científico-racional?
Estas son las dos formas que toma la concepción dualista extrema del film en el que el espíritu/alma/ego es algo que puede materialmente ser extraído e insertado en distintos cuerpos/organismos/sistemas. Inmediatamente nos preguntamos por qué. La respuesta, en principio, es simple, como en la mayoría de las películas y los conflictos sociales: por dinero, por riqueza. Pero por qué los bienintencionados científicos acceden a esto remite a una respuesta más incómoda que nos recuerda la idea de automaticidad de aplicación del filosofo alemán Hans Jonas (Jonas, 1997): porque sí, porque se puede.
Estamos frente a dos vertientes de cuerpos tecnificados al servicio de una empresa colonial: el cuerpo extendido militarista, violento y conquistador;  y el cuerpo avatar antropólogo, diseñado para ser un semejante a los Na´vi (aprender sus costumbres, conocerlos y poder negociar).

Avatar

UNO

El término sánscrito cjtf® avatāra significa “el que desciende”. En el hinduismo se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones, especialmente los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar personajes como Cristo.

DOS 

Jake Sullivan es un marine norteamericano paralítico sin proyectos personales que depende de una silla de ruedas para desplazarse.
Tiene un hermano gemelo científico  al que le fue diseñado genéticamente un cuerpo na´vi para hacer una investigación en el planeta Pandora. Este programa se ve interrumpido por la muerte repentina del científico y Jake es la única alternativa para tomar control del cuerpo na´vi por tener la misma cadena genética. El desarrollo genético de los cuerpos es un proceso lento y muy costoso y la misión debe ser llevada a cabo con celeridad.
El ADN de Sullivan se convierte en un destino del que debe hacerse cargo. Como explicara Habermas en un texto breve sobre el tema, nuestros fundamentos genéticos constituyen nuestra igualdad esencial como especie (Habermas, 2000). Ninguna persona tiene derecho a disponer de lo fundamental que hace a la libertad de otra. Entonces, la diferencia problemática entre un gemelo y un clon no es la semejanza absoluta de las partes surgidas de una célula, sino la usurpación y subyugación.
¿Qué es lo que ocurre con Jake? Debido a la importancia del programa científico, especialmente de los agentes que lo llevan a cabo, mega corporaciones y el Estado norteamericano, no hay lugar para muchas decisiones. Su libertad se ve acotada, está relegado casi al lugar de un clon, porque lo importa es lo idéntico de su bagaje genético  y no su subjetividad. Su cadena genética lo ata a la obligación de terminar el contrato firmado por su hermano.

TRES

Ahora todo está al revés, el sueño parece real y este es el sueño.
Jake Sullivan

Un cuerpo vacío, diseñado in vitro para ser exactamente igual a una especie alienígena pero con genoma humano, espera a quien sea su piloto. Es sólo carne moldeada, tan real como artificial, sin sujeto interno. Es un otro-cuerpo para un uno-sujeto.

Es el dualismo total. El enlace (link) entre ambos cuerpos se hace desde la cabeza, entre el fin de la columna vertebral y el comienzo del cráneo, entre la médula espinal y el cerebelo, pero no hay sustancia que fluya, lo que pasa es eso esencial que no es cuerpo y es ser.
Este avatar es la metáfora que lleva al extremo la concepción contemporánea del cuerpo como alter-ego que bien ha sabido observar el antropólogo David Le Breton (Le Breton, 2002). Estamos frente a un nuevo dualismo en el que el cuerpo ya no es un destino al que uno se abandona sino un objeto que se moldea a gusto. Ejercitado, adelgazado, tonificado, exfoliado, suavizado, botoxeado, siliconado, relajado, masajeado, estirado, el cuerpo se subordina  a la voluntad. El cuerpo se construye (body-building)
Es un doble, un clon perfecto, un alter-ego. Un avatar como alter ego.
Si lo pensamos en términos de una sociedad contemporánea que tiene como mandato el ejercicio físico para hacer frente a las miles de horas de inmovilidad que conlleva el trabajo intelectual, la metáfora cobra fuerza. A ese cuerpo inmovilizado, discapacitado, con piernas pero inútiles, se le ofrece un otro cuerpo, un alter ego en movimiento que corre, nada y trepa.

CUATRO

En el proceso de adaptación de Jake a su avatar, el film hace pensar en la idea lebretoniana del cuerpo que se vuelve espejo, un otro de uno mismo con el que es posible cohabitar fraternal y placenteramente.
También vemos concretamente cómo el cuerpo es el lugar de la identidad del hombre, porque modifica su relación con el mundo. El propio cuerpo es el que vive en el que encarna la acción. La vida es vida y no sueño allí donde está y siente el cuerpo, donde acciona. El suceso contemporáneo que Le Breton marca como paso del cuerpo objeto al cuerpo sujeto, cuando el cuerpo muta y toma el lugar de la persona, puede verse de un modo simplificado pero muy gráfico en el momento en que el marine Jake Sullivan pasa a sentirse jakesully, nombre dado por los Na’vi, persona completa al mismo tiempo que espejo.

CINCO

Cuando Jake Sully se convierte en jakesully una de las habilidades que más difícil le resulta dominar es la conexión con los animales y con el entorno de Pandora. Los Na´vi tienen una relación complementaria y no instrumental con sus animales. Si bien les sirven como extensión orgánica que les permite moverse rápidamente y volar, los animales no tienen un status inferior a los Na´vi, de hecho, se celebra una ceremonia por la cual el jinete y el animal se eligen mutuamente y se conectan  por medio de una especie de trenza-extensión del sistema nervioso.

SEIS

Demonios, fantasmas, sonámbulos, alienígenas.
Los Na´vi miran con sospecha a estos “demonios en cuerpos falsos”. El origen de la palabra Avatar es “alguien que desciende”, que concuerda con el nombre que los Na´vi le dan a los humanos: “Gente del Cielo”. Es curioso que desde lo etimológico el sentido sea inverso, se trata de entidades divinas, no malignas. Ese significado sí es coherente con la idea que los propios especialistas tienen de su propia labor: crean vida porque tienen la facultad de hacerlo; creen y quieren conocer, proteger y salvar.
Es llamativo cómo a diferencia de otras representaciones dualistas en filmes fantásticos o de ciencia ficción como Matrix, si el cuerpo del avatar muere, no muere ni el “espíritu” ni el primer cuerpo del poseedor. Otra coincidencia para los amantes de la etimología: un dios encarnado tampoco muere si muere su avatar en la Tierra. A Cristo crucificado se lo llora porque al ser cuerpo-carne sufre, pero con el consuelo de que es en definitiva Dios que trasciende ese terrenal cuerpo.

SIETE

Los avatares que vemos luchar en defensa de Pandora codo a codo con los Na´vi son tan artificiales como las naves que los atacan desde el cielo. Son creados y no nacidos, son engendro científico financiado por la misma compañía que invade. 
Arrepentidos a último momento o engañados en sus buenas intenciones, la representación heroica y bonachona de Grace y su equipo aún nos deja indagar: ¿Acaso no sabían que eran parte activa de esa misión colonial? ¿No fueron ellos quienes sirvieron en bandeja todo el conocimiento necesario para poder invadir los lugares sagrados que los Na’vi les confiaron?
Yendo más allá, ¿es que la ciencia no se piensa a sí misma? ¿Intervenir y conocer, para qué? 
La respuesta nos hace pensar, como señalaría Le Breton, en el narcisismo de la ciencia como efecto de un poder. Más aun, a la técnica científica se le niega el beneficio de la separación entre posesión y ejercicio de un poder (Jonas, 1997). El equipo de Grace no contempló la opción de decir no. 

Los cuerpos militares. 
Cyborgs y movimientos indiciales.

A diferencia de los científicos (con la excepción de Jake Sully) los militares cumplen otra función en Pandora. No tienen el afán de conocer, de investigar o de negociar. El objetivo es claro: extraer recursos naturales del planeta, sea como sea. Aunque eso implique destruir el símbolo sagrado de la civilización Na´vi, el árbol-casa, que está emplazado sobre un yacimiento de metal superconductor denominado unobtanium (no-obtenible). Aquí se muestra una diferencia clave en la visión de la naturaleza por parte de los dos equipos que comandan la operación: mientras que los científicos tratan de entender, los militares tienen una visión profundamente instrumental de la naturaleza, ésta se convierte en un medio y no en un fin.
La misión y la visión militarista se representa claramente en el tipo de imaginario de cuerpo tecnificado que encarnan. Cuerpos humanos potenciados en su fuerza y su resistencia por la maquinaria tecnológica. A diferencia, por ejemplo, de cyborgs como los retratados por Donna Haraway en su “Manifiesto Cyborg”, aquellos seres libertarios y postgénericos que por medio de la técnica se revelaban contra su pasado militarista y patriarcal (Haraway, 1985), los militares norteamericanos usan a la técnica como un elemento que no-puede-fallar. Mientras que subordinar sus mentes a un cuerpo extraño puede ser peligroso (la sublevación de Jake Sullivan lo demuestra) ellos deciden extender su cuerpo. Hacer de su cuerpo una visión de futuro lineal: “igual pero mejorado”. Los movimientos son indiciales y los comandos que utilizan para controlar(se) también. En vez de utilizar palancas y botones que faciliten los movimientos, los militares usan unas máquinas que requieren de fuerza física para ser operadas. Mover un brazo implica mover el brazo de una máquina con mucha más potencia que su cuerpo orgánico. Mover una pierna supone un esfuerzo menor que estar caminando sobre el suelo, con la ventaja de que la extensión técnica no sufre la fatiga. Jake Sullivan nunca podría haber operado uno de estos aparatos. Su condición cyborg empieza y termina con su silla de ruedas, luego de eso, sólo le queda encarnar un avatar.
Los militares y en particular el comandante Miles Quaritch hacen culto de su cuerpo entrenándolo fuertemente mientras no están en el campo de batalla, pero cuando salen a combatir, confían plenamente en la técnica y tienen a su cuerpo orgánico de respaldo ante cualquier dificultad con la maquinaria.

De ficciones y realidades

Se trata, al fin, de dos representaciones que corresponden a un imaginario ficcional sobre las posibilidades reales que plantea la intervención técnica de los cuerpos. Una de ellas, heredera de la tradición de otros apéndices mecánicos (bastón, silla de ruedas, prótesis) encuentra su correlato en el paradigma foucaultiano de normalización-medicalización. Las prótesis suplen desventajas relativas y absolutas con los otros de tu especie o en este caso, de otra especie. La otra, heredera de la discusión ética y científica acerca de modificaciones sobre el genoma humano, se presenta como más actual y ambigua. Se es hombre y se es cuerpo. El dualismo se presenta de manera radical, pero, ¿puede el ser-cuerpo modificar nuestra ontología, nuestra constitución como hombres? ¿Qué tanto modificó el pensar del marine Jake Sullivan el sentir sus pies de vuelta, el saltar alto, el sentirse parte de una comunidad en igualdad de condiciones para decidir dejar su antiguo cuerpo (aun a costa del peligro que eso conlleva) y convertirse en jakesully?


Bibliografía
JONAS, Hans (1997): Técnica, medicina y ética. Buenos Aires: Paidós.
HABERMAS, Jürgen (2000): La constelación posnacional. Barcelona: Paidós
LE BRETON, David (2002): Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: Editorial Nueva Visión.
HARAWAY, Donna (1991): Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist-Feminism in the Late Twentieth Century. Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature. New York: Routledge.





martes, 5 de marzo de 2013

Revista Sinécdoque N°3 - Número completo en PDF

Revista Sinécdoque N°3 - Poesía: Aguas (Bienes públicos) - Escribe Ariana Atala



AGUAS 
(BIENES PÚBLICOS)

Escribe Ariana Atala



1 - 
Los mares territoriales
(...)


2 - 
Los mares interiores, 
bahías,  
ensenadas,
puertos
y ancladeros;


3 - 
Los ríos,
sus cauces, 
las demás aguas
que corren por cauces
naturales 


y toda otra agua 
que tenga o adquiera
la aptitud de satisfacer 
usos de interés general, 

comprendiéndose 
las aguas subterráneas,

sin perjuicio
del ejercicio regular 
del derecho del propietario
del fundo de extraer 
las aguas subterráneas 

en la medida de su interés  y con sujeción a la reglamentación; 


4 -
Las playas del mar
y las riberas internas de los ríos, 
entendiéndose  por  tales
la extensión de tierra 
que las aguas bañan o desocupan
durante las altas mareas normales 
o las crecidas medias ordinarias;


5 -
Los lagos navegables y sus lechos;


6 -
Las islas formadas 
o que se formen 
en el mar territorial 
o en toda clase de río,
o en los lagos navegables,

cuando ellas no pertenezcan a particulares;

7 -
Las calles,
plazas, 
caminos, 
canales,
puentes 
y cualquier otra obra pública construida 

para utilidad o comodidad común; 

8 -
Los documentos oficiales de los poderes del Estado;


9 -
Las ruinas
y yacimientos arqueológicos 
y paleontológicos 
de interés científico.


Notas
1. Art. 2340 Codigo Civil Argentino.




jueves, 7 de febrero de 2013

Revista Sinécdoque N°3 - 8 certezas portátiles acerca de la cultura libre (Escribe Sebastián Vázquez)

Cultura Libre/ Bienes Comunes/ Movimiento     .

8 certezas portátiles acerca de la cultura libre
Escribe Sebastián Vázquez


1. Cuando escucho la frase “nuevo modelo de negocios”, saco el revólver.

Queremos dejar esto absolutamente claro: la cultura libre que promovemos no se trata de “nuevos modelos de negocios”, como pretenden algunxs personajes en plena construcción de sus carreras. Se trata, siempre y firme, de expropiarle al Capital aquello que siempre fue nuestro, y nos robaron. AguaFuegoAireTierraSangre. Deseamos y construimos cada día con fe criminal, un nuevo paradigma ético para habitar territorios comunes, no una nueva forma de dominación más invisible travestida de bienestar para nosotrxs y nuestrxs amigxs. No queremos que nuestras mentes sean fábricas, queremos abolir el trabajo asalariado como modelo hegemónico de relación con el mundo. No queremos vivir mejor, queremos vivir bien. Somos muchxs. Estamos furiosamente alegres.

2. La legalidad no es el objetivo de este  movimiento

No queremos leyes, ni regulaciones, ni decretos, ni licencias, ni patentes, ni marcas, ni jueces. Queremos reglas flexibles y no escritas, decididas autónomamente por cada comunidad en cada territorio. Nos aburrimos del control de daños, nos aburrimos de tener paciencia y correr con carpetitas a lxs legisladorxs en los pasillxs de las Cámaras. Violaremos sistemática y masivamente todas y cada una de las leyes que consideremos injustas. Todas. La de propiedad intelectual, y la de servicios de comunicación audiovisual, la de estupefacientes y la de desalojo. Queremos aceptación de nuestras praxis cotidianas tal y como son en acto, no cómo las imaginan lxs legisladorxs. Llamamos a la desobediencia viral, a la insurrección cotidiana. Que ellxs sigan haciendo lobby y llegarán a asesores de burócratas o a Jefes de Cátedra en las universidades del Poder. Una lágrima de felicidad en el sitio exacto donde coinciden lo ilegal y lo legítimo: vengan a buscarnos, ahí vivimos.

3. Los autores no tienen derechos, tienen  deberes

¿De que vivirán los músicos, los cineastas, los escritores, los pintores? Nos cansamos de escuchar este coro aburrido y elitista. Nadie se pregunta de que vivirá un albañil, un trabajador tercerizado del ferrocarril, un empleado de call center. Pareciera que fuese un imperativo moral que la sociedad toda deba hacerse la pregunta por la cultura (entendida sólo como arte). Nosotrxs nos preguntamos cómo hacer de nuestras vidas un arte de la resistencia. ¿Cuántos músicos se preguntan bajo que condiciones de explotación trabajan los que fabrican su disco, o limpian los baños donde ellxs despliegan su arte? ¿Cuántos poetas se preguntan sobre el gesto mecánico y repetido al infinito del obrero que imprime su libro? Antes de patalear y después firmar con Pop Art o Anagrama, tocar en Niceto o la Trastienda, viajar por el mundo con fondos de oscuras fundaciones, o exponer en ArteBA, pensemos un poquito en esto, amigxs artistas. Y no esperen que compremos sus discos, los bajaremos. Ni sus libros, los fotocopiaremos. La piratería es la poesía maldita de esta época.

4. La revolución será offline

No hay nada de ingenuidad en la cada vez más extendida analogía de la realidad con la red informática, se trata una vez más de clausurar simbólicamente los territorios, únicos espacios reales de resistencia al presente. Creemos en el despliegue de estrategias territoriales inéditas. Solíamos creer en el rizoma y la Zona Temporalmente Autónoma. Ahora sabemos que sirven para una reunión de consorcio, no para transformar de raíz este sistema.
El Alto en La Paz, la Franja de Gaza, la Walmapu en el Sur: laboratorios de un presente posible. ¿Hacemos un manual juntxs para deshabitar la ciudad? ¿Desurbanizamos nuestras vidas? Si la ciudad nos clausura, ¿clausuramos la ciudad?

5. Un movimiento no se construye con un acuerdo

No hay movimiento ni acción política transformadora basada en un sólo acuerdo. Consideramos que no es estratégico compartir espacios de militancia y activismo con personas con las que acordamos en un solo punto, y posiblemente no acordamos en todo el resto de los frentes de resistencia y lucha. ¿Es más arduo? Sí, es un trabajo inmenso. Construyamos en todo caso el nuevo gran relato totalizador que una las luchas, el mapa genético de las formas organizativas nuevas. Seamos sinceros e inventemos los nuevos acuerdos que nos permitan dar un salto sublime en la destrucción del sistema, y tres saltos en la construcción hoy del mundo que queremos. Vivir como si fuera posible.

6. Existe la máquina de copiar autos: se llama expropiación

La expropiación de los medios de producción es la máquina de copiar autos y tomates. Las fábricas recuperadas son las copiadoras de dvds del mundo material, la okupa es la licencia libre para una nueva vida urbana, la reforma agraria el DIY campesino. Recuperemos la tradición expropiadora de nuestros ilustres antepasados anarquistas. Tomemos casas, usurpemos terrenos, recuperemos para el mundo cada metro de lo que siempre debió ser común. La propiedad privada es la columna vertebral de los horrores del mundo. Es el robo original, ante el cual todos nuestras expropiaciones son justicia poética.

7. El Mercado, el Estado y la Academia no son nuestrxs amigxs

No queremos convertir nuestras praxis en un contrabando de autonomías cada vez más relativas con estos dispositivos de poder. No queremos partidos, ni piratas ni ninguno. Deseamos política sin aparato, invertebrada, pero con piel, con órganos. Queremos desmercantilizar el mundo. Queremos desplegar saberes colectivos, no bibliografía obligatoria. Somos autodidactas irreductibles. Contra el Mercado, la reciprocidad, el trueque no mercantil, la producción para el autoconsumo, el decrecimiento. Contra el Estado, la iluminación de la base, los liderazgos rotativos, la asamblea. Contra la Academia, el despliegue de la inteligencia colectiva que habita en todxs nosotrxs, la autodidaxia como pedagogía del presente.

8. Antes muertxs que posmodernos

nunca mirar demasiado el abismo / o nos convertimos en él / la potencia subversiva del amor / libre / es la única arma que ellxs no tienen / es nuestra arma definitiva / empuñaremos si es necesario las AK47 / por un mundo con una nueva educación sentimental / viviremos en casas en los árboles / volveremos a leer a marx y a bakunin y a rimbaud / para empezar todo de nuevo / no saldremos a la calle con gesto adusto militante / marcharemos bailando / somos travestis y minerxs / campesinxs y cognitarixs / animales y lectorxs /




jueves, 10 de enero de 2013

Revista Sinécdoque N°3 - "El juego de la comunidad" (Escribe e ilustra María Daniela Portas)





Contact/Improvisación/identidad/comunidad



"El juego de la comunidad"

Escribe e ilustra María Daniela Portas



La noción de comunidad ha adquirido en los últimos años un sentido renovado. Cuando decimos últimos años nos referimos a los años posteriores a los de los regímenes neoliberales en Latinoamérica, asociados en la región a lo que el sociólogo argentino Pablo de Marinis ha denominado desconversión de lo social, un fenómeno que opera “no sólo a través de la recodificación del campo de incumbencias del Estado […] sino también a partir de la reactivación (quizá se trate de una estrategia de reinvención) del viejo concepto sociológico de Gemeinschaft, de comunidad” (2005: 22). La comunidad tradicional muta en un proceso complejo que da origen a lo que el autor ha denominado comunidad post social. En ese marco, proponemos una indagación exploratoria de la noción de comunidad a partir del análisis de un caso.

Nuestro objeto de estudio será el ámbito –sector, diremos luego- del Contact Improvisación (CI) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Delimitaremos un grupo muestra compuesto por los alumnos de la profesora Cristina Turdo, que da clases de CI en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) y en el Centro Cultural Ricardo Rojas1. El término comunidad tiene un uso recurrente en este grupo y, más ampliamente, en los grupos de bailarines de CI en general, desde sus comienzos. Tanto la autodenominación e interpelación a los pares como la problematización explícita tienen lugar de forma más o menos habitual y posicionan a la noción de comunidad como parte fundamental de los procesos de construcción de identidad en este grupo. Analizaremos los procedimientos mediante los cuales se construye la identidad en común que los bailarines de CI definen bajo el término comunidad y la forma en que dicha comunidad deviene objeto de disputa y activa una red de sentidos que pone en juego diversas prácticas entre los miembros del grupo con un objetivo de legitimación y de aceptación.

El trabajo que sigue está estructurado en tres bloques. El primero se ocupa de caracterizar brevemente la práctica del CI y reconstruir el desarrollo histórico de la noción de comunidad a los fines de poder analizar cuál es la configuración específica que adquiere en este caso. El segundo bloque se propone analizar el modo en que la comunidad es percibida por los agentes2 y los conflictos que eclosionan en torno a los usos que se hacen de dicho término. En relación a esta cuestión, propondremos la hipótesis de que la noción de comunidad en este caso funciona como dispositivo de construcción de una identidad de grupo y configura un sistema de intercambios según una lógica de ganancias y pérdidas según la cual los agentes operan para acumular determinado capital simbólico3 y, mediante esa acumulación y su necesaria exhibición, obtener una recompensa que llamaremos membresía4. El concepto de dispositivo es propio de la teoría de Michel Foucault y tiene gran peso en ella. Para los fines de este trabajo, tomaremos la definición que propone Daniel Muriel (2010). El autor explica que para Foucault un dispositivo es “un conjunto decididamente heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas; en resumen: los elementos del dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho. El dispositivo es la red que puede establecerse entre estos elementos” (2010: 320). Consideramos que esta definición enmarca adecuadamente el modo en que los elementos que se hacen presentes y que definen a la comunidad del CI operan hacia ella. Para finalizar, en el tercer bloque del trabajo intentaremos esbozar algunas conclusiones y dejar abiertos algunos interrogantes con el objetivo de abrir este análisis a otros fenómenos actuales relacionados con la construcción de experiencias de comunidad.



El Contact Improvisación y la noción de comunidad



El CI es una danza que nace en la década de los setenta en EEUU y llega a nuestro país en los ochenta. A lo largo de los años se ha expandido cada vez más y en la actualidad pueden encontrarse articulaciones muy variadas de CI con otras disciplinas corporales. Además forma parte de la currícula de las carreras del Departamento de Artes del Movimiento del IUNA. En cuanto a mi experiencia personal con esta forma de danza, comencé a bailar CI en el año 2003 y continúo, con algunas interrupciones, hasta la actualidad. Mi primera y más importante maestra fue y es Cristina Turdo, bailarina de la primera generación de CI en nuestro país y referente fundamental de esta práctica.

La propuesta estética y filosófica del CI consiste, en pocas palabras, en una experimentación libre -improvisada- de la relación que el cuerpo entabla con las fuerzas físicas que lo rodean. La gravedad y la colisión son algunos de los estímulos más habituales que se propone investigar. A partir de esa conexión con la percepción se busca entrenar un estado de alerta que no deje de ser relajado y que permita una alineación mente-cuerpo para lograr secuencias de movimiento fluido cada vez más largas. Cristina Turdo describe la propuesta como “no frente al espejo, no verticalidad, no doctrina, no maestro adelante y alumnos mirando hacia el frente. Se trabaja mucho lo circular. [Se trata de] quebrar la danza, quebrar la forma, romper la estructura”5. La improvisación implica una determinada relación atenta con el espacio y una concepción del tiempo como un fluir en el que cada nueva decisión abre múltiples nuevas y desconocidas posibilidades. La posición es fugaz para el bailarín. Él no está en ningún lado. Está en el instante. En este punto, la propuesta filosófica del CI resulta de gran interés para un análisis de tipo fenomenológico. Las reflexiones de Merleau-Ponty acerca de la vivencia del cuerpo propio y la construcción de intersubjetividad permiten dar marco a un análisis sobre el sustento filosófico del CI y comprender tanto la experiencia de la danza como el modo en que desde esa matriz sensorial, cinestésica, se teje una intersubjetividad que da origen a una comunidad particular.

Allanemos el terreno conceptual que estamos transitando. La noción de esquema corporal apela a aquello que permite que un cuerpo conozca la posición de cada uno de sus miembros en todo momento, que no sea para sí un conjunto de elementos yuxtapuestos sino una “posesión indivisa” (Merleau-Ponty, 1957: 105). Ahora bien, como explica Merleau-Ponty, “así como [el esquema corporal] es relativamente transportable de un dominio sensorial a otro en lo que concierne a los datos de mi propio cuerpo, también es transferible al dominio del otro” (1997: 6). La construcción de intersubjetividad es posible gracias a esa transferibilidad. Y la intersubjetividad, la reciprocidad de las intenciones, da forma a un lenguaje común que, desde la perspectiva fenomenológica, tiene más que ver con la experiencia que tenemos de nuestro cuerpo que con el pensamiento racional. En palabras de Merleau-Ponty, “la lengua común que hablamos es algo así como la corporeidad anónima que comparto con los otros organismos” (1971: 202). 

Ahora bien, el término comunidad tiene, como dijimos, una presencia habitual entre los miembros del sector del CI. Desde la sociología clásica, esta noción es comprendida en oposición a la noción de sociedad. Comunidad y sociedad se enfrentan como lo orgánico a lo mecánico, lo natural a lo artificial, lo horizontal a lo vertical (Santos, 2010). Esta concepción ha modelado una definición tradicional que tiene, como veremos, gran peso en la reflexión y verbalización que los agentes hacen de la comunidad. Lo comunitario está asociado a una forma de organización horizontal y consensuada, a la autonomía con respecto a las premisas que rigen lo societario. De esta manera, la comunidad que nos ocupa no es una comunidad en estos términos y sin embargo mantiene con aquella concepción clásica una relación íntima. Por otro lado, las perspectivas actuales sobre lo comunitario aportan elementos de gran pertinencia para nuestro análisis. Para Pablo de Marinis, luego de la desaparición de las comunidades pre-modernas como consecuencia de la urbanización, la explosión demográfica y el desarrollo industrial, habría en la actualidad una reaparición de la comunidad en la forma de una nueva comunidad post-social. Según su propuesta, estas comunidades están formadas por individuos “que construyen sus identidades y organizan sus opciones vitales manifestando un renovado énfasis sobre los contextos micro-morales de la experiencia” (2005: 23). El autor menciona cuatro características principales de las comunidades post-sociales: la adscripción voluntaria, la no permanencia, la desterritorialización y la pluralidad. En este marco la cuestión de que un grupo de bailarines se autodenomine como comunidad adquiere tonalidades de época.



Somos todos hippies y nos amamos



Como hemos dicho, uno de los objetivos de este trabajo es desentrañar el modo en que la comunidad que estamos analizando opera hacia el grupo que le da lugar y genera prácticas en los agentes. La perspectiva desde la cual abordaremos este análisis es la Teoría de los Campos Sociales elaborada por Pierre Bourdieu. Analizamos el funcionamiento de la comunidad aprovechando la metáfora del juego, utilizada frecuentemente por Bourdieu, y tomando las nociones fundamentales de campo, illusio y capital simbólico. Partimos de la idea de que el CI es un sector dentro del subcampo de la danza, perteneciente al campo artístico6 y que la comunidad es un juego propuesto dentro del sector del CI, articulado alrededor de un capital simbólico específico7.

Una de las primeras reacciones ante la pregunta por la existencia de la comunidad en el transcurso del trabajo de campo es la desestimación: “No hay comunidad”. Esta desestimación es en algunos casos defensiva (el sentimiento de un ataque estigmatizador y develador) y en otros, correctiva (el sentimiento de una apelación a una definición clásica de comunidad que no se corresponde en sus elementos materiales con esta comunidad). La frase que da título a este apartado, pronunciada por una de las bailarinas en anticipación a la primera pregunta de la entrevista -“yo ya sé hacia dónde vos vas, como que hay algo especial y somos todos hippies y nos amamos”- pone en evidencia la cualidad distintiva que tiene la comunidad. Hay un nosotros –que “somos todos hippies y nos amamos”– y un otro –en este caso el sujeto investigador-. Ahora bien, es necesario caracterizar el contexto de aparición de este testimonio para poder analizar la construcción de identidad como un proceso relacional, dado que, como explica Stuart Hall (1998), los términos que designan identidades significan cosas distintas en distintos contextos. En sus palabras, “el mismo término lleva en sí connotaciones bastante diferentes, porque opera dentro de diferentes ‘sistemas de diferencias y equivalencias’. La posición que ocupa dentro de las cadenas de significaciones diferentes, es la que le da su ‘sentido’, y no la correspondencia literal y estricta que existe entre un término aislado y alguna posición indicadora en el espectro de colores” (1998: 53). En este caso en particular, la relación de subalternidad que el campo artístico –que “se ha constituido a sí mismo rechazando o revirtiendo la ley del provecho material” (Bourdieu-Wacquant, 2005: 150)– mantiene con el económico –y el científico, sin dudas- será un fondo ineludible sobre el cual se sostendrán los procesos identitarios al interior del grupo analizado. En los testimonios recogidos se marca una frontera muy clara entre un agente de un campo (en este caso, el artístico) frente a un agente de otro campo (en este caso, el académico). En este marco, la desestimación del término comunidad es una reacción defensiva ante la intromisión de un agente externo con el cual se mantiene una relación de subordinación. Consideramos que en los discursos que se desprenden de algunas de las entrevistas, se deja entrever el conflicto que suscita la presencia de un agente del campo académico que pretende construir con este grupo un objeto de estudio. A la violencia simbólica ineludible de todo acto de cosificación se suma la violencia latente en un vínculo estructuralmente desigual.

El segundo tipo de desestimación, que reacciona a una supuesta apelación a una definición de comunidad que no coincide con esta comunidad particular, se expresa en otro testimonio que explica: “no vivimos juntos ni tenemos una economía colectiva ni compartimos alguna creencia que oriente nuestras vidas, sólo bailamos la misma danza”. Esta caracterización de lo que debería ser una comunidad muestra el peso que tiene aquella definición de comunidad que desarrollamos más arriba. Asimismo, refuerza lo dicho acerca de la relación desigual entre un sujeto y otro. El testimonio es una aclaración de que hay un conocimiento del concepto de comunidad y de que el uso de ese término en este grupo obedece a motivos arbitrarios, que no revisten ningún interés académico y que incluso pertenecen a un ámbito privado. Como enuncia uno de los testimonios, “creo que se usa la palabra livianamente y que nadie está tratando de decir que somos comuneros de nada en particular”. La desestimación es el recurso de reajuste que los agentes llevan a cabo de modo tal que el mundo de sentido construido en torno a la comunidad y al CI se mantenga, sino intacto, al menos estable.

Pareciera ser que el conflicto se aloja en la comunidad en tanto dispositivo generador de una normatividad que tiene efectos concretos en los miembros del grupo. Como expresa Cristina Turdo en una entrevista, “acá hay cierto resquemor, cierto miedo a diferenciarse, como que la comunidad debería ser ‘todos somos iguales’. Hay como un miedo a que [esa dificultad] se ponga en evidencia”. Esa resistencia a evidenciar lo problemático de la pretendida horizontalidad no impide que la comunidad siga apareciendo y su carácter normativo se revele en otros testimonios que expresan que “hay gente que sí está más metida” o que “no es fácil estar en un jam8 si no sentís que pertenecés”. Entonces poner en cuestión la validez del término forma parte de un conjunto de desplazamientos que el juego contempla. La búsqueda de la membresía a la comunidad seguirá activa. 

 

La comunidad jugada



A la hora de analizar cómo se inserta la comunidad en el marco de la práctica del CI es importante diferenciar a aquellos que juegan el juego de la comunidad (tanto a los que ya obtuvieron la membresía como a los que quieren obtenerla y luchan por ella así como a los que intentan subvertir la lógica interna del juego) del resto de los bailarines de CI. Diferenciaremos la participación de los bailarines en la práctica del CI en tanto cuestión formal, del juego de la comunidad en tanto cuestión simbólica. Dentro del sector del CI, compuesto por todos los bailarines de CI, la comunidad será uno de los juegos ofrecidos. Aquellos bailarines que capten lo que está en juego en torno a la comunidad y estén interesados en obtenerlo o desafiarlo, estarán participando del que llamaremos juego de la comunidad.

La posibilidad de empezar a jugar el juego de la comunidad es ofrecida a todos los bailarines de CI. Ese ofrecimiento es llevado a cabo mediante la exhibición de lo que está en juego, que es la membresía. El primer requisito para participar del juego es la illusio, es decir la creencia en el valor de lo que está en juego, el interés en jugar (Bourdieu, 1994: 141). Los que no jueguen serán los que no crean, los indiferentes, los que no comprendan qué es lo que está en juego en el juego de la comunidad9. Ellos constituyen ese exterior del juego que constantemente amenaza con romper la fantasía. Ahora bien, por otro lado encontramos el caso de los que sí comprenden la invitación al juego y el capital simbólico que lo rige, pero aún así deciden no participar. Más allá de las motivaciones particulares que generan el rechazo del juego de la comunidad (por ejemplo, la no identificación con algunas de las prácticas que componen el capital simbólico requerido), observamos que en cualquier caso ese rechazo se explica, en parte, por la no atracción con respecto a la posibilidad de capitalización de una participación en el juego. Sea para lograr la membresía o para subvertir la dinámica del juego e instaurar una nueva recompensa, la participación estará vinculada al registro de un potencial capitalizable, de una relación costo/beneficio favorable, dado que la recompensa obtenida, no sólo se reproduce a sí misma y es operadora de su propia acumulación, sino que a su vez puede sumarse a otros capitales simbólicos requeridos para el desempeño en otros juegos del subcampo de la danza. Si ensayamos una continuación del razonamiento de Bourdieu, podemos postular que las recompensas de esos otros juegos, junto con la membresía a la comunidad del CI, van a conformar un nuevo terreno de disputa con vistas a conseguir la recompensa por antonomasia del campo del arte: lo que en última instancia está en juego es ser o no ser buen bailarín de CI, en definitiva ser o no ser (considerado) un artista. Se trata de un proceso gradual de acumulación de capital que provee recompensas que a su vez son capitalizadas para la obtención de nuevas recompensas. Círculos concéntricos de juegos simbólicos. Pensamos esta dinámica desde lo que Bourdieu llama “economía de las prácticas” (2010: 83), esto es una razón inmanente a las prácticas que no obedece al cálculo consciente ni persigue estratégicamente sus fines y en la que la recompensa no es material necesariamente pero posee un mecanismo que sostiene un sistema de intercambios donde hay ganancias y pérdidas. Ahora bien, no debe cometerse el error de analizar los beneficios que concede el campo en términos economicistas. El campo artístico, como explica Bourdieu, se rige por leyes que no son las del campo económico. Los capitales en juego y los premios otorgados, por ende, no pueden ser comprendidos si no adoptamos una noción de interés que sea particular del campo en cuestión.

Aquí vale hacer una aclaración. La comunidad no es un grupo compuesto por determinados bailarines, sino que es el dispositivo, una determinada discursividad, una determinada ritualidad. Ese dispositivo va a operar en y a través de los agentes, pero no se trata de que ellos lleven a cabo sus acciones respondiendo a una estrategia racional. Entonces, la comunidad no es la suma de sus supuestos integrantes, sino un entorno nuevo, que los atraviesa y convierte en miembros en tanto ellos se desenvuelven en su órbita. Lo colectivo suspende y recombina lo individual. No hay nombres propios. La comunidad opera de forma circular en una dinámica de retroalimentación que configura un adentro y un afuera con límites claros.

La obtención de la membresía a la comunidad va a estar asociada a la acumulación y exhibición de un capital simbólico específico. A partir de los testimonios recogidos en el trabajo de campo y de mi propia experiencia como bailarina de CI, propondremos una caracterización de dicho capital simbólico a partir de resaltar un conjunto de elementos que lo componen. Uno de esos elementos será la asistencia. Tomar más de una clase y sobre todo asistir a los jams y performances será un elemento muy capitalizable, ya que permitirá tejer vínculos y ser reconocido por los pares. Otro elemento que compone este capital simbólico es la destreza. No es la misma destreza de otras formas de danza con técnicas más rígidas, sino una destreza particular que pone el acento en la fluidez, la naturalidad y, por lo que diremos a continuación, la espontaneidad de la improvisación. En tercer lugar, encontramos la definición de un criterio de validación que imprime el vínculo que cada agente tiene con la práctica del CI. Para ilustrar esto tomaremos un testimonio recogido de un grupo Yahoo que nuclea a bailarines de CI de Argentina y del cual la gran mayoría de los miembros del grupo muestra forma parte y ha destacado como un espacio importante para compartir información. En uno de los intercambios, un bailarín responde a una convocatoria a un jam que coincide en día y horario con un partido amistoso de la Selección Argentina de fútbol con un mensaje que dice “oh! qué dilema! Paxton o Messi?”10. La respuesta de otro bailarín y docente es “Paxton, sin duda, es más verdadero”. La apelación a un mayor valor de verdad y, por lo tanto, a un mayor bien (un bien común), constituye un modo de vincularse con la práctica que va a permitir establecer barreras de entrada para la obtención de la membresía. A la hora de exhibir algún elemento de los que estamos caracterizando –por ejemplo, la mencionada espontaneidad-, este criterio de validación generará tomas de posición que arbitrarán la correspondencia o no de una membresía (“¿es o no es espontáneo?”). Un cuarto elemento que podemos distinguir en la composición del capital simbólico específico de esta comunidad es lo que llamaremos una sexualidad sublimada11. El CI es una forma de danza que muchas veces se caracteriza como de gran contenido sexual. Es una danza de contacto, que puede involucrar a dos o más personas que pondrán su cuerpo entero a disposición para la práctica. El CI implica un uso del cuerpo en una modalidad sexualizada pero al servicio de la danza. Ese límite entre estar al servicio de la danza y estar al servicio de la propia sexualidad está asimismo sometido a aquel criterio de validación que mencionamos más arriba. Un último elemento que distinguimos en la composición de este capital simbólico es lo que refiere a un específico estilo de vida. La alimentación (Cristina Turdo explica que “la mayoría no fuma, muchos comen orgánico”), las prácticas como meditación, yoga y artes marciales, y cuestiones de estilo como una manera de vestir y una gestualidad modelan la ética y la estética del grupo.

Como hemos remarcado, el proceso de acumulación de capital es inseparable de la exhibición del mismo. Y la exhibición “es uno de los mecanismos que hacen (sin duda universalmente) que el capital vaya al capital” (Bourdieu, 1980: 190). Los espacios privilegiados para la exhibición de capital simbólico en el sector del CI son los jams y los círculos de apertura/cierre12. En el caso de los jams, el despliegue llega a un punto cúlmine. Sin la guía de un docente, los bailarines pueden jugar con sus fortalezas. El mayor grado de conflictividad vinculada al sentido de pertenencia, a la definición de límites entre un adentro y un afuera y a las disputas de sentido se encuentra en los jams. En el testimonio de uno de los entrevistados aparece con mucha consistencia el modo en que esa disputa se materializa: “Estás por ahí experimentando con alguien y viene uno con otro trepado haciendo tipo bufanda y vos obviamente que tenés que correrte porque sino te llevan puesto. Y eso lo siento como una prepotencia, como una violencia. Porque estamos compartiendo espacios. Si no entra hacer eso, no entra. Entonces a veces siento eso, como cierta cosa de decir ‘esto es contact y este contact pesa más que ese’”. Por su parte, los círculos de apertura/cierre también aportan una instancia muy valiosa de exhibición y ponen en juego disputas similares. Por ser los depositarios de lo verbal que suele no estar presente en las instancias de danza propiamente dicha, implican una elaboración particular de la legitimidad. Como cuenta Cristina Turdo, “Por ejemplo, vos vas a EEUU y en un círculo alguien toma la palabra, alguien que tiene otro rol dentro de la comunidad, y no está tan mal visto. Acá…viste…La horizontalidad total no existe”.



A modo de conclusión



La cualidad conflictiva de lo comunitario, las disputas a las que da lugar, su carácter “polisémico, multiabarcante y transversal” (Gurrutxaga Abad, 2010: 52) imprimen estas reflexiones y sugieren ramificaciones hacia otros fenómenos de nuestra época. En simultáneo, la comunidad da forma a una rutina, estructura las prácticas de los agentes de manera que ellas aparezcan como naturales para ellos. Neutraliza aquellas contradicciones y allí radica su eficacia como dispositivo. Porque la vivencia de la comunidad encuentra su sentido en el nivel práctico. Ese nivel práctico se ve suspendido provisoriamente por las operaciones del pensamiento racional como las que este trabajo de campo generó. Esta suspensión de la comunidad es no sólo momentánea dado que como sabemos los sujetos no reflexionan continuamente sobre sus acciones sino que actúan, sino además insuficiente para generar una modificación de las reglas internas del juego.

Ahora bien, las tensiones que la comunidad genera se alimentan, en gran medida, de los sentidos asociados a lo comunitario, tanto en función de aquella definición tradicional que mencionamos como de las nuevas definiciones de las comunidades post sociales. Entonces retomamos la pregunta que se hace de Marinis: “¿Tiene sentido seguir usando el término comunidad cuando se manifiesta tal diversidad empírica de ‘comunidades realmente existentes’, es decir, cuando comunidad parece ser el nombre que se le puede poner a prácticamente cualquier agrupamiento humano?” (2005: 28). Atendiendo a las características particulares que el término adquiere en el grupo analizado podría parecer una posibilidad. Quizá si no se definieran a sí mismos como comunidad, la sensación de no pertenecer no sería vivida tan conflictivamente y podría habilitarse una aceptación de la normatividad que el grupo construye y sobre la que se sostiene sin que eso genere crisis. Pero el término comunidad posee una emotividad que otros términos propuestos por los entrevistados como posibles alternativas, como red o tribu urbana, no tienen. De Marinis advierte que “comunidad fue siempre […] palabra de lucha y de invocación de lo que es imperioso hacer, de denuncia de lo que falta, escasea o se ha perdido, y de conjuro de los cuantiosos males existentes” (2010: 7). Hay una mistificación que imprime a la noción de comunidad y la conecta fuertemente con las premisas del CI. La idea de construir un ámbito de contención, de escucha, de igualdad es parte fundamental de la propuesta filosófica del CI. Lo que sucede es que hay una fractura que surge en el encuentro de un discurso que retoma el proyecto comunitario tradicional por lo menos en la expresión de sus ideales y un territorio de prácticas en el que esa comunidad reclama un capital simbólico que, por supuesto, no todos tienen y que además es velado en tanto tal. Dicha fractura, puesta en evidencia, genera tensiones, crisis y una percepción problemática y distorsionada de la comunidad para consigo misma. Pero estas crisis no deben ser analizadas desde la marcación de una carencia. El proceso de construcción de identidad de este grupo no debe interpretarse como una versión defectuosa de un modelo ideal, sino como una elaboración particular y dinámica, dado que justamente esas tensiones, esas crisis, esa conflictividad son un fructífero punto de partida para analizar qué configuraciones posibles adquiere lo comunitario hoy, qué tipo de experiencias habilita, y nutrir ese imaginario en el que la definición tradicional de comunidad tanto peso tiene con sentidos nuevos, anclados en la experiencia particular de los grupos en la coyuntura actual. 




NOTAS

1   Este trabajo se desprende de mi tesina de grado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social, titulada “Somos todos hippies y nos amamos. La noción de comunidad en un grupo de bailarines de Contact Improvisación”, entregada en octubre de 2011 y actualmente en instancia de evaluación.

2   Bourdieu explica que “los individuos […] existen como agentes—y no como individuos biológicos, actores o sujetos— que están socialmente constituidos en tanto que activos y actuantes en el campo en consideración por el hecho de que poseen las propiedades necesarias para ser efectivos, para producir efectos, en dicho campo” (2005: 163). Esto es importante a los fines de comprender que no estaremos hablando de individuos particulares sino de agentes en tanto posiciones activas y actuantes en un campo determinado y que se definen por su actividad en ese campo en tanto operadores prácticos de un habitus.

3   La noción de capital simbólico será de gran importancia en el desarrollo de nuestra argumentación. Pertenece a la Teoría de los Campos Sociales desarrollada por Pierre Bourdieu y será explicada en el apartado 2, junto con la noción de campo.

4   Esto es, que la acumulación y exhibición del capital simbólico reclamado por el que llamaremos juego de la comunidad va a estar orientado a la obtención del estatuto de miembro de la comunidad. El devenir  miembro brindará recursos para reproducir la lógica interna del juego o subvertirla.

5   Los testimonios pertenecientes a Cristina Turdo y a los demás bailarines de CI citados en este trabajo fueron recogidos en entrevistas individuales y grupales realizadas durante el trabajo de campo llevado a cabo para la elaboración de la mencionada tesina.

6   Para Bourdieu (2005), el campo es una red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones. Es decir que hay posiciones, dependientes de las condiciones materiales de existencia, y hay relaciones entre estas. Cada individuo, en función de sus condiciones de existencia, será portador de un habitus que le brindará herramientas para interpretar un campo, detectar qué es lo que está en juego, sentirse o no impulsado a participar y tener determinada toma de posición dependiendo de cuáles sean las relaciones que allí se establezcan.

7   Bourdieu (1994) explica que al interior de cada campo se configura una lógica de circulación de capitales simbólicos, esto es de capitales sociales investidos de un valor por los agentes, legitimados y presentados como los capitales por los que vale la pena luchar.

8   Los jams de CI son espacios de danza con pautas similares a los jams de música o de escritura. Se trata de encuentros danza abiertos en los cuales los bailarines pueden participar bailando u observando. Los jams duran generalmente tres o cuatro horas y los bailarines pueden entrar y salir en cualquier momento. Algunos son completamente libres en cuanto a lo formal, otros proponen consignas de improvisación más específicas.

9   Más allá de que, desde luego, creen en lo que está en juego en el sector del CI. Campo e illusio se implican mutuamente. En este sentido, necesariamente cada miembro de este sector tendrá una illusio, una creencia. Pero esa creencia estará dirigida al valor de lo que está en juego en el sector del CI, en el subcampo de la danza, en el campo artístico. En ese sentido, diferenciamos el juego del CI del juego de la comunidad, inserto en el primero.

10   Steve Paxton es considerado el creador del CI. Bailarín y acróbata estadounidense, fue el que motorizó la formación de los primeros grupos de performance y hasta el día de hoy es un referente fundamental de esta forma de danza.

11   Freud (1948) define el concepto de sublimación en relación con la maduración de la sexualidad como el proceso mediante el cual “es proporcionada una derivación y una utilización, en campos distintos, a las excitaciones de energía excesiva, procedentes de las diversas fuentes de la sexualidad. […] Hállase aquí, sin duda, una de las fuentes de la actividad artística” (1948: 830). Es decir que se opera un redireccionamiento de la energía psíquica que el estímulo sexual provee hacia otros fines.

12   Las clases comienzan y finalizan con un círculo de reunión, un encuentro grupal en el centro de la sala en el cual los concurrentes pueden compartir experiencias vinculadas a la danza, hacer preguntas, anuncios, sugerencias. Los círculos de apertura/cierre funcionan como el espacio dedicado a un intercambio verbal grupal organizado.




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