Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Kahn. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Kahn. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de junio de 2013

Revista Sinécdoque N°3 - Diálogos Eduardo Grüner: “El kirchnerismo es un modelo absolutamente posmoderno”

Diálogos

Eduardo Grüner: “El kirchnerismo es un modelo absolutamente posmoderno”
Entrevistan Santiago Kahn y María Eva Mira

Santiago Kahn: Hay una primera cuestión que es para nosotres pensar el rol de los intelectuales frente a la vida política actual. Ese parece ser un punto nodal de la discusión. Y la primera ficha que nos salta es pensar la relación con el kirchnerismo. El rol de los intelectuales y el kirchnerismo es un tema que nos atormenta un poco.
Eduardo Grüner: A ellos también...
SK: Pareciera que el kirchnerismo se presenta todo el tiempo como un relato, un relato totalizador. Algo que estaba un poco corrido en la discusión política previa al kirchnerismo, ¿cómo nos paramos frente a eso?
EG: Bueno, voy a ser necesariamente desordenado. Porque en lo que vos preguntas hay un montón de cuestiones superpuestas. Y yo diría que la organización de una posible respuesta depende por supuesto del punto de vista que se adopte. Pero ¿en qué sentido lo digo? En el sentido de que mi esfuerzo, normalmente fallido siempre es tratar de patear el tablero de aquellas oposiciones tajantes. No para encontrar un promedio, o una tercera posición, cosa media entre un extremo y otro. Sino para alterar la lógica del encuadre mismo. Vos decís que el relato imperante es “con el kirchnerismo retornó la política”, “retornó el Estado”, “retornó la juventud” y parece que “retornaron los intelectuales”, ¿no? Entonces, la primera pregunta desde una fingida ingenuidad sería: ¿retornaron de dónde? ¿Dónde se había ido todo eso? ¿Vos sabés cuánta política y cuánto Estado hizo falta para hacer todo eso? Si ponemos la política del lado de los sectores o las clases dominantes, o como quieran decirles, ahí hubo que tomar decisiones, hubo que mandar leyes al Congreso, hubo, como sabemos ahora, que someter o sobornar a legisladores, con la Banelco. Todo eso es política. Todo eso es una forma de cierta política. Pero incluso si te ponés del otro lado, del de la resistencia, de los movimientos sociales, de las formas de militancia popular, durante la década del 90 hubo cualquier cantidad de experiencias. Desde la marcha por María Soledad en Catamarca, pasando por la Carpa Docente, las puebladas, los incendios de comisarías, más o menos espontáneos, más o menos fragmentarios. Todo eso, de forma semisubterránea, termina convergiendo en diciembre de 2001, con la concurrencia de una enorme y muy compleja cantidad de otros factores. Entonces, es difícil, porque por un lado yo no soy de los que piensan que el 19 y 20 de diciembre de 2001 todo cambió de la noche a la mañana. No, fue una condensación de una serie de cosas, tremendamente contradictorias. Ahí hubo muchas cosas muy diferentes, no todas necesariamente rescatables. También en diciembre del 2001 las señoras de este barrio [NdeR: Belgrano] iban a golpear la cacerola para que les devolvieran sus dólares que vaya a saber en qué pensaban usarlos. Y estaban junto con los piqueteros, con los empobrecidos, con la clase obrera. “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”, fenómeno para un entusiasmo de 48 hs. pero después se vio que era algo utópico en el mal sentido del término. Entonces y de todas maneras, ahí pasó algo radical, una especie de agujero, un vacío de sentido, muy bien expresado en la famosa consigna del “Que se vayan todos”. Entonces se iban todos y quedaba un agujero. Porque no había una lógica de reemplazo. Porque siempre los personajes aparecen. Vos sabés que la política igual que la naturaleza tiene horror al vacío, la que no hacés vos la va a hacer alguien. No se puede vivir en una especie de agujero permanente. Alguien como personaje iba a aparecer, como efectivamente sucedió. Lo que ahí estaba en cuestión es si había una posibilidad de construir una lógica diferente desde la cuál repensar, refundar, reconstituir una comunidad, una sociedad, un lazo político. Eso no pasó. No apareció la posibilidad objetiva de producir esa transformación radical de la lógica política misma. Pero que no haya aparecido eso no quiere decir que ahí no haya sucedido nada. Ahora es fácil, como dicen los futboleros, hablar con el diario del lunes, pero eso lo que tenemos: el diario del lunes. Y nos damos cuenta, retroactivamente, que el único elenco político que podía de alguna manera recomponer, reordenar o restaurar si querés decirlo así, porque hay un aspecto restaurador, el sistema político argentino era ese elenco que hubiera tomado conciencia de que ahí había pasado algo y de que alguna respuesta a eso había que darle. Eso fue el kirchnerismo. Fueron los únicos que dijeron: paremos la pelota, acá pasó algo. Hay que tomar algunas de las demandas, los problemas, las reivindicaciones que se plantearon ahí y hacer algo con eso si es que queremos, como siempre quisieron y no hay que engañarse al respecto, volver a normalizar con todos los peros o reservas que eso significa, el sistema político argentino sin transformarlo radicalmente. Sin hacer la revolución, para hablar mal y pronto, como si hoy supiéramos qué quiere decir eso. Pero ustedes me entienden... Recomponer el sistema, renormalizarlo, para que el capitalismo pudiera seguir funcionando con las reparaciones, los equilibrios, las cosas que hubiera que hacer. Después uno puede entrar en una cantidad de cuestiones de detalle y de tensiones, y de problemas, y de matices y de sutilezas. Ahora, la lógica profunda de lo que pasó fue ésta. Había que normalizar el país burgués, digamos, para que no se volviera todo maldito. Estoy citando un clásico. Y eso fue lo que pasó, y eso es lo que sigue pasando. No es un país fácil de normalizar. Tiene una historia complicada que uno no puede entender por sí mismo el 2001 o el kirchnerismo. Supongamos que yo acepto el relato famoso de que “volvió la política”, ¿cuándo volvió la política? ¿en 2003 o en 2001? Porque éste es el tema. Y qué política, ¿no? Son dos añitos de diferencia, pero depende dónde vos te pares lo cierto es que entendés la lógica de lo que pasó de manera, de manera muy distinta.
SK: Vos marcabas al final esta idea del 2001/2003. Si uno mira el 2001 pareciera que está mirando por esa hendija donde entrarle a la transformación de la sociedad, ese momento casi de alianza de clases, que muchos creemos que no se concretó...
EG: ...que no se podìa concretar.
SK: Y ya el kirchnerismo se corre dos años.
EG: Antes bromeábamos con un muchacho que fuimos jurado en un concurso y yo le decía “ustedes saben que esto empezó en 2003, antes solo estaba el caos, ¿no es cierto? Y vino, queda mal decirlo así, pero vino ÉL, vino Dios, a decir hágase la luz, vuelva la política, vuelva esto, vuelva lo otro.
Eva Mira: Casi un mito cosmogónico.
SK: El restaurador, digo, San Martín, Rosas, Perón, Néstor. Ésta idea está dando vueltas, como de la restauración del orden. Antes era el caos. Incluso mirándolo antes del 2003 se puede pensar a la organización popular de los movimientos sociales que explota en 2001, en algún punto, como el caos.
EG: Sí, claro. Porque es en el marco o en el contexto de como vos pienses esa lógica que se puede ubicar, como vos llamabas, el rol de los intelectuales. La palabra rol sinceramente me fastidia, pero entiendo, para hablar rápido, lo que querés decir. Porque si vos te parás en 2003 y decís “bueno, ésto es algo que vale la pena acompañar, es lo mejor que le sucedió a la Argentina desde la dictadura militar” pero ¿cuál es el término de comparación? De lo que recuerdo, y tengo muchos más recuerdos que ustedes (risas), te digo que sí. Yo me acuerdo del bombardeo de Plaza de Mayo del ‘55, era un niñito pero vivía a tres cuadras, en el barrio de Congreso. Mi padre que trabajaba en el Banco de la Nación estaba atrapado en el tercer subsuelo del banco. Y era un señor gorila, como se dice, ¿no? Horrorizado de lo que había sucedido ahí, le cambió la perspectiva. Entonces, vos tomás esos parámetros... pero ¿hasta cuándo se puede seguir con esa facilidad comparativa? Porque finalmente vamos por los nueve años, y vamos por los doce. Es cierto que un país no se cambia de la noche a la mañana, ahora, el problema otra vez es la perspectiva. ¿En qué sentido no se cambia? Porque cambiar cambiaron muchas cosas de Menem para acá. Ahora ¿cuál es el cambio en el que estamos pensando? Cuando se admite, supuestamente de manera muy autocrítica, que hay que profundizar, que todavía falta, ¿todavía falta para qué? Porque vos para saber lo que falta tenés que saber hacia dónde estás yendo. Tenés un plan. Hay que profundizar, ¿en qué sentido? Menem profundizó un montón de cosas, digamos, la dictadura, por ejemplo. No estoy comparando ni igualando, obviamente son cosas muy diferentes. Pero tenés que tomar eso en cuenta. Los intelectuales tenemos varios problemas serios, ninguno de ellos festejable o celebrable. Es que muchas veces queremos estar, como hubiera dicho mi abuela, al mismo tiempo repicando la campana y marchando en la procesión. Es decir, no queremos dejar de apoyar todo lo que sea bueno en un gobierno aunque lo califiquemos de burgués o reformista o lo que se quiera, pero al mismo tiempo no queremos vernos contaminados por nada que tenga que ver con el poder. Yo me mantengo, como soy jovato, en ese viejo modelo sartreano. De que efectivamente prefiero mantener mi distancia crítica y darme el muy pequeñoburgués y cómodo lujo de decir lo que se me cante en cada momento (risas). No tuve inconveniente en salir, yo no diría a defender al Gobierno, pero por lo menos a oponerme en el 2008 durante el conflicto de la 125 a lo que en ese momento se llamaba -siempre creí que era una exageración, pero había que tener cuidado- el “movimiento destituyente”. Incluso esa posición mía la tomé con un montón de reservas y críticas, pero me jugué y me peleé con mis amigos de izquierda, de derecha ya no tenía casi ninguno (risas). Después las cosas cambiaron, como pasa todo el tiempo y ahora me parece que estamos en otro momento. Esto que se suele llamar el giro a la derecha del Gobierno para mí es claro. Uno no deja de reconocer que en los términos de la lógica que está dada es mejor tener la Asignación Universal por Hijo que no tenerla, es mejor tener las AFJP estatizadas que tenerlas privatizadas, es mejor tener el matrimonio igualitario. Son mejoras sobre las cuales es muy difícil hacer un balance, porque si te ceñís a eso las tenés que contrastar con otro montón de cosas que pasaron, que se promulgaron, como la disparatada y realmente horrible Ley Antiterrorista que es injustificable absolutamente desde todo punto de vista. Y la ha votado mucha gente que -en algún sentido- es amiga mía, que conozco hace añares. ¿Por qué? ¿Qué necesidad tienen de embaracarse en eso? Me preocupa mucho, porque eso es antipolítico, contra lo que puede parecer, a primera vista, en el relato. Eso de tener,yo no lo llamo ni pensamiento único ni discurso hegemónico ni todas esas pavadas, pero sí adoptar una actitud donde te ganó el famoso binarismo que en el fondo es un síntoma de cobardía intelectual. De pensar que si algo que va en contra de tus principios no lo hacés “le estás haciendo el juego a la derecha”, “les estás dando el pasto no se a quién”. En política eso es siempre algo que hay que tener en cuenta, yo no lo estoy negando, ni me hago el inocente, y he leído a Sartre justamente y las manos sucias y qué sé yo. Ahora, ¿en el contexto de qué lógica de cuál proyecto uno se da el lujo de ensuciarse las manos? Ésta es la pregunta. Si éste es un proyecto donde uno está plenamente convencido y lo comparte, “bueno muchachos, haganlo”. Yo no tengo -en ese sentido- una postura o posición irreductiblemente crítica contra los muchachos de Carta Abierta, muchos de los cuales son estrechos amigos míos. Horacio (González), Forster, lo era Casullo, escribo en sus revistas. Pero mi posición es diferente en ese punto. Puede parecer un acto de soberbia y me tomo la libertad o la responsabilidad de tenerlo. Quiero preservar la posibilidad de decir lo que se me de la gana, de pensar desde esta otra lógica.
EM: Hay algo que me parece que es de lo más interesante del kirchnerismo y también por eso genera que uno indague sobre este tema, y es que me cuesta pensarlo como una cuestión homogénea. Entre sus integrantes actuales, quienes lo defienden actualmente, quienes lo movilizan, quienes creen que es necesario correrlo por izquierda pero también como vos decías ese “giro a la derecha”, me cuesta pensar homogéneamente la historia del Kirchnerismo.
EG: Ahí hay otra cuestión, ésta es una sociedad- supongo que no es la única- que todo el tiempo está inventando el dulce de leche. Ésto que vos decis del Kirchnerismo era la intuición que teníamos en los años 60/70 sobre el peronismo. No es que vinieron a sacar el conejo de la galera sino que es la Historia Argentina, y dentro de la Historia Argentina, es a lo que uno puede remontarse cuando vos quieras y decir: “no todo lo que se llamó el federalismo era lo mismo”. No era lo mismo la Mazorca de Rosas, que Artigas o el Chacho Peñaloza. Por ahí adentro también pasaba la lucha de clases. Creo que era Cooke el que decía que en la historia particular de la Argentina la lucha de clases pasa por Peronismo-Antiperonismo. En un punto me parece que tiene razón, pero sólo si uno agrega que pasa sobre todo por adentro del peronismo y ahora por adentro del Kirchnerismo. Entonces, también es una posición, una lógica en la que vos te parás, que tiende a descompensar o a deconstruir -como se dice ahora- estas facilidades analíticas. Me preguntaron -no hace mucho- ¿qué hay a la izquierda del Kirchnerismo? Hay un montón de cosas a su izquierda y muchas de ellas están en el Kirchnerismo. Otra vez es desde dónde te parás .¿Vos sabés la cantidad de conflictos sociales, sindicales, del movimiento que hubo en estos últimos años? ¿Sabés la cantidad que tuvo Perón, que tuvo el peronismo “clásico”? El otro día un amigo mío, que se ocupa de esas cosas, me dijo: “si uno saca el promedio ningún gobierno tuvo tantas peleas como tuvo el peronismo del ‘46 al ‘55”.  Todas esas huelgas se hicieron en nombre de Perón y Evita y perjudicaban al Gobierno, lo mismo puede suceder ahora. Siempre hay un punto al que todavía no hemos llegado, si uno tuviera ese modelo ideal, no hemos llegado al pasaje del “en sí” al “para sí”, diría el antiguo Hegel. Yo nunca he sido peronista, pero en el siglo XX uno de los momentos más heroicos y más importantes de la movilización desde abajo, de la clase obrera, de los sectores populares y demás fue la resistencia peronista. Otro fue el Cordobazo, en el año ‘69, y todo lo que se conectó con eso, que se hizo no sólo en nombre del regreso Perón sino de un montón de otras cosas. Ahí estaba en juego algo que no podía estar en la resistencia peronista. La historia se hace así, con esas fragmentaciones, con esos rollos desiguales y combinado de diferentes formas.
SK: Pienso en quizás alguna lectura que hacemos algune de nosotres del kirchnerismo como fracción de la clase dominante en el poder, con innegables embates a otros sectores de la clase dominante. Ahí es donde se ve esa llamita que le permite a algunos sectores decir “mirá esta medida, se fueron contra las patronales del sector agropecuario, acá está nuestro nuevo Perón”. Pero, ¿y la UIA? ¿Y las mineras?
E.G: Además fueron contra todo eso en una coyuntura que tenían que ir también para salvarse ellos. Con ésto no quiero decir que no hubiera convicción o la porción de sinceridad o de creencia que hay que tener para hacer política. De ninguna manera. El 54% no puede ser de ninguna manera homogéneo porque esa tremenda cantidad de votos atraviesa toda clase social. Ahí votó el señor Blaquier del ingenio Ledesma, y votaron los campesinos que el señor Blaquier mandó a matar directa o indirectamente. Entonces, ¿representa lo mismo ese 54%? Claro que no. Muchos representan un deseo, una aspiración objetiva, ni siquiera necesariamente consciente, que se va a ver frustada. Hay una larguísima historia de eso. Hoy en día esta claro que el 95% de la clase dominante está encolumnada detrás de este Gobierno y detrás de este modelo, como se dice. La palabra modelo es graciosa porque supone que ya tenés todo clarito y sabés donde estás yendo. Acá hay una cuota de improvisación fenomenal. Pero de todas maneras, el 90% de lo que un lenguaje clásico hubiera llamado la clase dominante en sus diversas fracciones está encolumnado. Puede haber un tironeo con el Sr. Moreno que es antipático, patotero o con el otro que le pararon no se qué importaciones en la aduana. Esos problemas los tuvieron todos los gobiernos que yo recuerde sin por eso haber hecho ninguna particular revolución, digamos. Pero, aún dentro de ciertos límites, hay cosas que se pueden hacer con el 54% de los votos. Son muchos millones de personas que vos podes sacar a la calle, literal o metafóricamente para defender el proyecto si realmente tené”s un proyecto. Pero obviamente que “el modelo”, no es un modelo que va a apelar a esos niveles de movilización popular. Eso se dice fácil, “sacar gente a la calle”, pero después hay que ver para dónde corren.
EM: Yo pienso en ese 54% y en qué medida ese porcentaje responde a lo que se quiso llamar “nueva militancia” de cierta clase media, y hasta dónde esa clase media saldría realmente a la calle. La última vez que la vi hacer eso tenía los ahorros metidos adentro del banco.
EG: No. Bueno, los viste en 2008 salir a la calle, en buena cantidad.
SK: Bueno, pero ahí hubo una clase media dividida.
EG: Bueno, como se divide siempre la clase media. Sabés que es una categoría residual que no tiene ningún sustent en sí misma, porque existen las clases dominantes y las clases dominadas, oprimidas, o como se diga y en el medio, este conglomerado que en Argentina es relativamente grande comparado con Latinoamérica, que fluctúa para un lado o para el otro. Depende sus intereses inmediatos o de vaya a saber qué ilusiones se hacen.
SK: ¿Podemos vincularlo a esta idea del imaginario “El país real contra el país virtual”? Los medios como el enemigo, como lo que desestabiliza. Como en los discursos analizados por Eliseo Verón sobre Perón, dónde el propio Perón se colocaba por fuera de la Política. El kirchnerismo se “enfrenta” a los monopolios de las comunicaciones, ninguneando a la oposición política...
EG: Mirá, ahí hay una cuestión podemos abrocharla con otras. Relato, modelo, imaginario, virtual, digamos. El kirchnerismo, en ese sentido, es un modelo absolutamente posmoderno. Contra la pretensión de un retorno de la política dura, de la militancia, de todas esas cosas de no sé qué materialidad, es completamente posmoderno. Todo parece que fuera una especie de discurso imaginario, que se mueve en el topos uranos platónico. Entonces, los medios son poderes económicos que representan intereses bien claros. No son los medios. No es el relato y el contrarrelato. Con esto no quiere decir que eso no tenga una autonomía relativa, que no tenga efectos materiales, que no exista la ideología, que no exista el inconsciente político que dice Jameson. Todo eso puede tener una eficacia si está conectado efectivamente con alguna base material, si puede aspirar a representar algo de alguna forma eficaz. Porque ninguna ideología puede ser mínimamente eficaz si no dice alguna verdad. Si no es un disparate que pasa, una ocurrencia que no dura 24 hs. Adorno dice que hasta en el nazismo, la peor de las ideologías, había un momento de verdad. Porque había una crisis fenomenal, desocupación, porque había hiperfinflación. Representa una reacción contra todo eso que en cierto sentido le venía de afuera a los alemanes, el problema en ese momento, esa partecita que se conecta con la totalidad de lo real. Pero el nazismo de ahí salta a “hay que matar a todos lo judíos que son los responsables”. En estos relatos y contrarelatos también sucede esto. Siempre dicen la verdad, siempre tienen que ver con algo que está efectivamente ocurriendo, pero también muchas veces son usados para desplazar el problema hacia “el problema son los medios”, “el problema es que no se quiere escuchar el relato” o “el problema es que están en contra del modelo”. En la realidad pasan cosas, ¿viste? No es que no me gusta el relato y lo cambio por otro. Tengo que tener con qué cambiarlo y hacer que ese cambio alguien lo quiera escuchar. No es pura virtualidad.
SK: Todo el tiempo se da esa idea del relato y de su construcción, de disputa por el sentido. Mientras tanto, el asesinato de Mariano Ferrerya, el Indoamericano, los Qom...
EG: Ahí es donde yo digo, en una muy apresurada jerga lacaniana, que lo Real retorna desde lo reprimido. Ahí te das cuenta que no es sólo relato: al pibe sí lo mataron, a los Qom sí los mataron, los 51 del tren Sarmiento sí se estrellaron. Ahí no hay relato que valga. Eso te pone un límite donde el relato empieza a chirriar.
EM: ¿Qué potencialmente puede ser el kirchnerismo sin Cristina Fernández/ Néstor Kirchner? Porque hasta ahora fue un movimiento fuertemente personalista. No es una crítica, es una mera descripción.
EG: No es una crítica porque lo decís vos. Si lo digo yo es una crítica. Otra cosa es que uno leyó la Psicología de las Masas de Freud y sabe de este asunto del liderazgo y de las identificaciones horizontales y verticales. Sin eso las cosas parece que no funcionan. Siempre hay alguien o algo, un símbolo o lo que sea. Hay un extraordinario documental que hizo un amigo mío, Fernández Mujan, que es peronista, que viene del peronismo de base. Ese documental que se llama “Los Resistentes” se los recomiendo enfáticamente porque ahí, entre muchas otras cosas, lo que hace es entrevistar a viejos de la resistencia peronista. Y los tipos cuentan como ellos hacían todo eso en nombre de Perón. Pero hay un par que dicen “ese traidor miserable, que nos dejó solos, que después se fue a España, que hizo sus negocios”. Entonces ahí hay un vaivén, una dialéctica compleja. Es necesario el símbolo. Ahora, está bien si sabés que detrás del símbolo hay una materialidad mucho más resquebrajada, conflictiva, sucia.
EM: Retomando la idea que vos decías de que el kirchnerismo es un “modelo posmoderno”, me parece, lo digo así como muy a vuelo de pájaro, por cierta escucha del discurso presidencial, cierta visión de “678”, tomándolos como referencia de cierto discurso kirchnerista hay un imaginario que por el contrario me parece muy moderno en algunas cuestiones. Quiero decir, está ligado continuamente a la idea de producción industrial como crecimiento, sigue la tecnología ligada a esa idea de progreso. Parece que más tecnología, independiente de cómo y para qué, es progreso.
EG: El “neodesarrollismo”, que se dice. Claro, ahí te aparece también, por ese lado, la contracción ¿no? Cómo discutís con los Qom, con la megaminería, con los campesinos, con los indígenas. Llega un momento que se vuelve una situación trágica. En el sentido de que se vuelve imposible, no tiene solución. Les pasó a los rusos después de la revolución, cuando decían, “el comunismo es la electricidad más los soviets”. Pero eran dos cosas incompatibles, por eso vino Stalin y dijo: “sólo la electricidad, olvídense de los soviets y de la democracia de base, ni de ninguna de esas cosas. Maten a Trotsky que anda hablando boludeces sobre la revolución permanente y vamos adelante con la industria”. En un momento te pasa eso. Yo no sé nada de economía, pero cuando vos basás todo tu modelo unilateralmente en algo que, además me da la impresión que en medio de esta furibunda crisis mundial no puede suceder, te chocas contra la pared todo el tiempo y si no tenés realmente el propósito de ir a fondo, de un cambio radical...ni hay por qué exigírselo en esos términos. Porque sino parece que nos hacemos demasiadas ilusiones, qué nos creíamos que éstos eran Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo… ¡no! No era eso. Todos lo sabíamos y lo supimos siempre. Cuando yo salí, digamos “a defender al gobierno”, lo dije en estos términos: “defiendo ésto que hay, contra algo que podría ser mucho peor”. Es nada más que eso. No estuve desilusionado despué, porque no me había hecho ninguna ilusión. Ahora no lo defiendo más porque me parece que se defienden solitos y no corren peligro. Al contrario, los que corremos el peligro somos nosotros, con la Ley Antiterrorista, con Mariano Ferreyra, con todo eso.
SK: Hay un punto ahí de inflexión que es la retórica moderna y a la vez prácticas de intervención política posmodernas. Esta cosa de videopolítica, de spots en el Fútbol Para Todos contando los progresos y el crecimiento del PBI.
EG: Es como dice el diario La Nación, pero lo dice de una manera equivocada, “el pensamiento único”. Pero ¿por qué digo que está totalmente equivocada? ¿Qué quiere decir “pensamiento único”?  Pensamiento único ya apareció salió con Menem, el neoliberalismo era el pensamiento único. Que sin embargo funcionaba con un grado importante, no se puede negar, de democracia formal. El pensamiento único no quiere decir que todos tengan que decir lo mismo, porque sería ridiculo que alguien imaginara eso, por fuera del nazismo digamo. Consiste en que vos podes decir cualquier cosa porque no tiene ninguna importancia. No tenés posibilidad de afectar realmente con lo que digas. Entonces hay la más absoluta libertad. Para que 678 diga lo contrario de Clarín. ¿Y en qué altera eso ninguna lógica? Salvo durante las dictaduras militares donde si decías algo corría en riesgo tu vida, siempre existió eso. Siempre existieron diferentes “corpos”, esto quiero decir. Mientras no se alterara la lógica misma del “puntillado”, digamos, del sistema político más o menos clásico.
SK: En estos mismos relatos hay invisibilidad. Esa cosa de escribir con luz, de mostrar, de poner el foco acá, contra el aparentemente otro relato de allá, una especie de duelo de grandes relatos. Quizás lo que a veces pasa es que no se ve una alternativa de disputa por el poder. Al menos de manera electoral.
EG: Pero no puede haberla. Cuando se dice “la oposición de derecha es torpe, son inútiles”- en La Nación todo el tiempo los están retando, porque no se juntan, porque no tienen un programa alternativo- no es verdad. No es que son torpes, inútiles o tarados: son innecesarios, son irrelevantes. Porque como decía hace un rato, toda la clase dominante está encolumnada detrás de este Gobierno que es, hasta ahora, el que mejor le puede garantizar, a cambio de algunas concesiones, seguir con la misma lógica. Nadie más podría hacerlo. ¿Quién lo va a hacer? ¿Lilita Carrió? Por ahí Scioli. Pero sino ¿quién? ¿Ricardito Alfonsin?
SK: Vos hace un rato decías el tema de esa pregunta que te habían hecho (“a la izquierda del kirchnerismo, ¿qué hay?”) y recién escuchándote, pensaba “a la derecha del kirchnerismo tampoco”.
EG: Tampoco hay nada.
SK: Como que en la sociedad actual las clases dominantes no pudieran bancarse tampoco nada demasiado a la derecha del kirchnerismo, porque tal vez no lo aguantaría la sociedad, 2001 latente, y tampoco nada a la izquierda del kirchnerismo porque no les hace falta. Tampoco tienen la gente en la calle como para pensar una alternativa por izquierda. En ese sentido “pendular” queda una especie de encrucijada ¿no?
EG: Esa es la vieja historia del peronismo. Ese péndulo, que decís vos, es un movimiento convengamos, con sus más y sus menos, sus ventajas y desventajas. Es un movimiento esencialmente pragmático. Entonces, el péndulo, para ir de los Montoneros a las tres A, depende una cantidad de factores coyunturales, de momentos históricos, de lo que suceda en el resto del mundo. La excepcionalidad argentina es el peor de los grandes relatos que decías vos. Viste que los argentinos para todo somos excepcionales, también para lo malo, para lo malo somos lo peor y si somos buenos somos Maradona (risas).

***

Dixit I

EM: Hace dos años estuve trabajando con una organización integrada por militantes de la decada del ‘70 discursivamente antikirchneristas. Ellos estaban muy enojados con el kirchnerismo diciendo que se habían apropiado de sus banderas. No sólo de los derechos humanos sino de otras cosas. Estaban realmente enojados como si alguien hubiera venido, hubiera agarrado todo por lo que ellos estuvieron peleando, se lo hubiera llevado.
EG: Bueno, pero eso es creer que incluso políticos como Néstor Kirchner o Cristina hacen siempre lo que quieren. No... también hacen lo que pueden. Lo que les sale en el momento. La oportunidad de hacer. Porque partieron de lo que te decía al principio, se dieron cuenta de que normalizar el sistema político argentino significaba tomar alguna de esas demandas.
SK: Hay una cosa que dialoga mucho con los discursos en torno al peronismo: cuando se se logra o se consuma una demanda hay un proceso de borramiento del proceso de lucha y se llega al relato de “Gracias Néstor”.
EG: Ahí hay un tema interesantísimo en lo que vos planteás. El valor simbólico que tenían los organismos de derechos humanos era ese movimiento de ponerse medio afuera. ¿Qué quiere decir la cooptación de los movimientos de derechos humanos por parte del Gobierno? Porque cuando uno dice “tomaron esas demandas”, esas banderas, está diciendo ésto. Lo tomaron para su política. Para legitimarse ellos, lo cual no les resta valor a que lo hayan tomado, slo dice que también está ésto, y que también hay que analizarlo. Si es una ganancia o una pérdida, en ese sentido.
EM: Claro, a mi me hace mucho ruido, esa idea “Gracias Néstor y Cristina por...”
EG: Lo de “Gracias Néstor y Cristina” es triste, un poco patético casi te diría, porque es como renunciar a la propia historia. Porque es renunciar a que hace 40 años que venían batallando con eso. Entonces ¿qué? ¿cayeron unos marcianos de pronto? Es lo que decías sobre desde qué lógica lo pensás. Vos no tenés que decir gracias, tenés que decir “bueno para algo sirvió que vinieramos rompiéndonos durante tres o cuatro décadas, un Gobierno tuvo que hacerse cargo de eso”. Tuvo, porque en cierto modo lo obligaron. Porque cuando yo decía el kirchnerismo tomó las demandas de diciembre de 2001, lo que estoy diciendo es que primero estuvo diciembre de 2001. Y que diciembre de 2001 obligó al kirchnerismo, podrían haber sido otros pero fueron ellos, a tomar esas decisiones.
SK: Consignas como “Néstor y Cristina nos dieron el matrimonio igualitario” como si desde el Frente de Liberación Homosexual, Perlongher y compañía para acá no hubiera habido lucha de organizaciones, de base gaylésbicas...
EG: Sí, me consta, no sólo por mi edad, sino porque fui amigo de Perlongher... después nos peleamos por las Malvinas. En la Revista Sitios, porque el número 2, que salió en julio o agosto del ‘82, había que hacerse cargo de eso... y eso fue un quilombo. La discusión interna ahí fue feroz. Y Perlongher, que era un colaborador de la Revista, ya estaba exiliado en Brasil. Se enojó porque nosotros adoptamos una actitud de “nada con el gobierno militar” pero el imperialismo es el imperialismo. Y si tu país entra en guerra, ¿qué es mejor que la gane o que la pierda? ¿y qué significa cada una de esas cosas?
SK: Sino sería antihistórico y antipolítico...
EG: Va a ser una consigna fácil, pero es la historia de arriba o desde abajo de lo que estamos hablando.



***

Dixit II

EM: Este apoyo de los intelectuales a la izquierda que ocurrió hace un par de meses cuando fueron las elecciones (NdR: Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores) del cual formás parte, ¿hay ahí una posibilidad de consenso o un piso común de acuerdo, una discusión dada en cierto sentido o fue más una cuestión coyuntural de determinado momento?
EG: Fueron las dos cosas.  Yo en 1974 me alejé de la izquierda. No quiere decir que dejé de ser de izquierda. Quiere decir que en el 74 fui candidato a diputado por un partido que se llamaba Partido Socialista de los Trbajadores y después dije “Basta, hasta acá llegué. Ya me quiero dedicar a otra cosa”. Siendo un intelectual de izquierda, fui paulatinamente adoptando esta posición que llamo sartreana para hablar rápido. Al voto no le resto importancia pero para alguien de izquierda es un intrumento. La democracia es un instrumento. No puede ser un fin abstracto, ontológico, en sí. Yo, por ejemplo, estoy en contra del voto secreto. Puedo entender que en un país con la historia que tiene la Argentina eso haya sido una conquista. Pero los obreros en una asamblea de fábrica votan dando la cara y levantando la manito, a la vista de todo el mundo, incluida la patronal y la policia. Y nosotros nos creemos que somos más democráticos porque cada cuatro años  vamos a poner al cuarto oscuro un papelito. Es esa democracia serializada donde parece que “el” acto político es ir un domingo a votar. Yo vine votando siempre a la izquierda. Pero no me daban ganas de militar, de participar, activamente. No digo ya de militar como hacía uno cuando tenía 20 años que iba a las 6 de la mañana a la fábrica a volantear, no me da el cuero. Pero ni siquiera de participar más activamente. Cuando se formó el Frente de Izquierda dije “bueno, reveamos. Hagamos una pequeña apuesta pascaliana..”. Pascal decía “yo no sé si dios existe pero por si acaso...”. Era la manifestación o el síntoma de por lo menos una voluntad, que sabíamos que tenía que ver con la coyuntura electoral. Pura y exclusivamente. Es así. Uno tiene que ver la película y no solamente la foto. Eso surgió como un frente electoral pero ahí está, apareció y veamos que pasa a partir de que eso apareció. Uno apuesta a eso. Una vez que eso está puede adquirir una dinámica propia, que vaya más allá de la conveniencia, en el buen sentido, de la oportunidad de las elecciones. No es fácil. Hace 50 años que no se logra hacer eso. Es un hecho inédito y causa simbronazos, causa tensiones, causa toda clase de problemas.
SK: Está bueno, igual, como oportunidad de encontrarse, también, marcando la cancha, desde acá hacia otro lado diciendo “bueno, encontrémonos” a pensar y discutir
EG: Por qué la apuesta. Finalmente, con todas las torpezas, con todas las cosas que vos quieras decir es el único discurso político, llamemoslo así, que plantea algo completamente diferente, ¿no? Y dice bueno, dejemos ya la discusión de qué clase de capitalismo queremos si más neodesarrollista, si más neoliberal, más neonosecuánto. Discutamos si queremos el capitalismo u otra cosa, sobre todo en el contexto del derrumbe generalizado en el centro mismo de Wall Street, donde acampa la gente con el “que se vayan todos”. Poner esa discusión sobre el tapete. Yo no soy de esos optimistas ontológico que sostienen que estamos en una situación prerrevolucionaria y que pasado mañana los soviets van a marchar sobre Plaza de Mayo. No va a pasar nada de todo eso por mucho tiempo. Pero bueno, una manera de empezar es poner la discusión sobre la mesa, que estaba obturada. Que parecía que todo el campo, el espectro de la izquierda, lo había ocupado el kirchnerismo. Cuando en verdad lo había ocupado, sí, discursivamente, desde el relato, pero sin poner en cuestión los límites del propio capitalismo.




martes, 19 de junio de 2012

Revista Sinécdoque Nº2 | "TE CUENTO POR QUÉ" (Escriben Santiago Kahn y Claudio Risiglione / Ilustra Chara)


Educación Popular/Ficción/Historia
TE CUENTO
POR QUÉ
Escriben Santiago Kahn y Claudio Risiglione
Ilustra Chara

Relato sobre los orígenes.

Dentro del ciclo que se conoce como “la crisis de 2001” -que desembocó en la caída del gobierno de la Alianza- se enmarca la confluencia de las experiencias político-sociales de muchas organizaciones que integraron una explosión popular: se abrieron amplios canales de participación social en la toma de decisiones e inauguró una nueva etapa en la Historia Argentina. Este proceso incluyó la recuperación de fábricas por parte de sus trabajadores y la ocupación de distintos espacios por parte de muchas organizaciones sociales y territoriales. Durante ese intenso período, fueron algunas de las formas de respuesta ensayadas por la población con el fin de afrontar las distintas necesidades laborales, de vivienda, de salud, educativas y culturales generadas ante la apertura del régimen neoliberal impuesto desde la última dictadura militar (1976/1983) y profundizada hasta límites inimaginables por los gobiernos de la década del ‘90.
La brecha abierta en primer lugar por los distintos movimientos piqueteros y Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) se profundizó tras las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 en torno a distintas prácticas de participación política directa por parte de la población en la resolución de conflictos. La variedad de esas experiencias es extremadamente rica en cuanto a diversidad de ámbitos, proveniencias, devenires políticos posteriores, pero -por sobre todas las cosas- marca un profundo cambio en cuanto a la participación política popular y a la experiencia ge-nerada conjuntamente por viejos militantes populares y nuevas camadas de jóvenes que ingresábamos a la acción política empujados por la necesidad, el contagio, la furia y la alegría que en medio de la crisis producía el contacto con nuevos grupos de gente donde la calle se mostraba recuperada como espacio social habitado, compartido, transformador.
La historia de la Asamblea de Flores se enmarca en ese proceso. Un grupo de gente que comenzó a juntarse en el espacio de la Plaza Rodolfo Walsh para discutir y tratar de resol-ver colectivamente los problemas coti-dianos que iban desde la alimentación hasta la necesidad de problematizar los acontecimientos políticos que se iban sucediendo en todo el país y tener algún tipo de intervención colectiva y organizada sobre el veloz desplegarse de dichos acontecimientos.
De este proceso también participaron los trabajadores de la ex Clínica Portuguesa que aún reclamaban por su fuente de trabajo y sus salarios adeudados. Y fue también en ese espacio recuperado del barrio de Flores –la ex clínica-, dónde se organizaron -impulsadas por la Asamblea de Flores- diversas actividades que asumieron la forma de un comedor, una Cooperativa de Vivienda, un Centro Cultural, una ropería, un taller textil, entre otras, y que en el marco de la amenaza de desalojo de mediados del año 2009, abrió el espacio a la conformación del espacio de un Bachillerato Popular.

El Bachillerato Popular “20 Flores”

Tras varios años de ocupación del espacio y de trabajo barrial rea-lizado por la organización, el Bachille-rato surge en torno a distintas problemáticas que confluyeron como motorizadoras del proyecto: por un lado, la preocupación por cubrir con las necesidades educativas de varies compañeres que vivían en la Cooperativa y ofrecer una posibilidad de estudios y un título secundario para muches de les habitantes del barrio de Flores que no poseen sus estudios y que -en tanto trabajadores- no pueden seguir con las exigencias que plantea el sistema educativo estatal. Por otro, la búsqueda de muches estudiantes (y graduades) de distintos puntos del sistema educativo que intentábamos problematizar los modos de enseñanza tradicional instaurados por el modelo de educación Sarmientino que aún hoy siguen vigentes en la Educación Pública como parte central de la formación de una subjetividad capitalista-patriarcal y eurocéntrica.
El cuestionamiento a este modelo es cada vez más profundo en vistas de las fragilidades que éste demuestra en la “contención” de las problemáticas sociales de la actualidad. Y también lo es por los constantes “desbordes” que presenta por parte de unos estudiantes cada vez más reacios a ser considerados como sujetos pasivos en su propia formación. Éste modelo sigue siendo hoy en día el modo a través del cual continúa impartiéndose mayoritaria y formalmente mente la Educación pública, desde los primeros años de escolarización primaria hasta el último día de formación universitaria (para los escasos casos que logran concretar todo el recorrido sorteando imposibilidades laborales, económicas y de resistencia al sopor de la pasividad áulica a la que nos somete el modelo educativo hegemónico).
Aunque fue gestándose varios meses antes, desde mediados de 2009, fue recién en marzo de 2010 que comenzó a transitar el Bachillerato Popular “20 Flores” (que aún no tenía decidido en ese momento aquella denominación). Pensado como un espacio de formación, educativo, militante, nuestro “bachi” surge de una serie de necesidades comunes entre distintos compañeres vinculades a la Asamblea de Flores y en torno a la amenaza de desalojo que la Asamblea viene sufriendo en los últimos años.
Como una referencia sobre ésta experiencia leída desde el ámbito académico podemos señalar que en un trabajo reciente Nora Gluz identifica en la práctica de los Bachilleratos Populares tres elementos con los que dialogamos en nuestra experiencia: “la crítica del carácter universal de la escuela oficial”; “la crítica a la alienación en el proceso de producción de la escolarización” y “la crítica a la legitimación meritocrática del privilegio social” (Gluz, 2009), puntos que no abordaremos en esta ocasión en de manera directa pero que operan en el telón de fondo de algunas de nuestras discusiones.



El Bachi y la(s) historia(s)

La decisión de comenzar, en la materia de Historia y Geografía, con un primer año enfocado en los trabajos de Pierre Clastres sobre las Sociedades Contra el Estado o antiestatales no se correspondía solamente con los planteos propuestos desde la currícula oficial en los cuales se inicia el desarrollo de la asignatura a través del Proceso de Hominización, el Paleolítico, el Neolítico y por último la Formación de los primeros Estados (Egipto y Mesopotamia) dentro de la carrera evolutiva que conduce al Estado Moderno y los Estados Nacionales. Si de alguna manera se entroncaba en esta problemática era más desde la búsqueda de una desnaturalización de este modelo, incorporado en el sentido común social justamente gracias a la impronta de la enseñanza primaria y secundaria y los documentales que se emiten desde las distintas señales de televisión por cable.
Clastres rompe con el pensamiento evolucionista que piensa a la “sociedad primitiva” como una sociedad incompleta, inacabada. La “sociedad primitiva” no es sociedad-sin-estado: es sociedad-contra-el-estado. Su especificidad es aquello que se silencia habitualmente en los relatos propios de la currícula escolar en función de construir el relato hegemónico legitimador del Estado. Uno de esos elementos que les son propios, de suma importancia a la hora de discutir el surgimiento del Estado y la aparición de la división social, se expresa en la guerra:

«¿Cuál es la función de la guerra primitiva? Garantizar la persistencia de la dispersión, del fraccionamiento, de la atomización de los grupos. La guerra primitiva es obra de una lógica propia de lo centrífugo, de una lógica de la separación, que se expresa de tiempo en tiempo en el conflicto armado.» (Clastres, 2004:72-73)

En primer lugar, dicho postulado tendrá consecuencias inmediatas:
“Como sociedades completas, acabadas, adultas y no ya como embriones infra-políticos, las sociedades primitivas carecen de Estado porque se niegan a ello, porque rechazan la división del cuerpo social en dominadores y dominados” (Clastres, 1981:115)

La distinción entre Prestigio y Poder en la relación entre el Jefe y la comunidad también resulta un aporte en torno a la mencionada búsqueda de desnaturalización:

«…el esfuerzo del grupo tiende precisamente a separar jefatura y coerción, y en este sentido vuelve al poder impotente. Concretamente, un jefe –dirigente o guía- no dispone sobre su gente de absolutamente ningún poder, salvo aquel –esencialmente diferente- que pueda inspirar su prestigio y el respeto que sepa ganar entre ellos» (Clastres, 1981:41)

Pensar el Estado como el inicio de las relaciones de dominación al interior de la sociedad y como punto de partida de la apropiación del excedente por parte de una minoría se propone como una posición diametralmente opuesta a las miradas tradicionales de la historiografía evolucionista y tomadas por la institución escolar desde sus inicios. Clastres desarma la mirada en la que el Estado es parte del desarrollo de las condiciones de vida del hombre como forma de impedir “la guerra de todos contra todos” y que permite al hombre salir de su economía de “subsistencia”. De esta manera no sólo no se convierten en sociedades de la carencia, sino que su especificidad implica un mecanismo de inhibición de las prácticas estatales:

“Ella ignora -porque impide su aparición- la diferencia entre ricos y pobres, la oposición entre explotados y explotadores la dominación del jefe sobre la sociedad. El Modo de Producción Doméstico que asegura la autarquía económica de la comunidad como tal, permite también la autonomía de los grupos de parentesco que componen el conjunto social, e incluso la independencia de los individuos (...) Ningún hombre presenta una inferioridad en el orden del saber o del saber-hacer respecto de otro más dotado o mejor provisto: los parientes de la víctima descorazonarían rápidamente la vocación del aprendiz de explotador” (Clastres, 1981:201).

La intencionalidad buscada con esta temática por el equipo docente de la materia apuntaba a poder plantear la existencia de un tipo de lógica no estatal, ligada a lo comunitario, en la cual los modos de articulación social se dan dentro de una lógica por fuera de los patrones economicistas que plantea la dinámica del Estado capitalista. El análisis de este tipo de dinámica se insertaba a su vez en la propia búsqueda planteada por el Bachillerato, por el colectivo que conformamos, por la posibilidad de pensar ya no sólo en términos de Estado sino de comunidad.
    Así mismo, este análisis ofrece nuevas herramientas para pensar las transformaciones que opera la imposición del monopolio de la violencia en una sociedad y las disputas que se dan posteriormente, en relación a la tensión existente entre las lógicas estatales dominantes y las contra-estatales que aún perviven o resurgen desde los espacios marginales sobre los cuales los dispositivos de poder estatal no logran penetrar o se ven vulnerados.
Por otra parte, una vez planteado el problema del Estado como el de la división de la sociedades en clases, del monopolio de la violencia, de la especialización  y jerarquización, se propuso un salto con respecto a la mirada tradicional de la historia lineal eurocéntrica en la cual toda la Historia surge y se desarrolla desde Oriente medio hacia Europa para llegar a América recién en la Conquista justamente en el momento en que ésta era “descubierta y colonizada”. Todo el recorrido de la materia fue planteado desde el propio continente americano y en particular desde la perspectiva del mundo Andino, con toda su riqueza cultural, su marco geográfico, sus recursos, y su propia organización comunal tradicional. De esta manera, el Ayllu se convirtió en el punto de referencia de la construcción de la narración histórica encarado por el equipo docente.
Al mismo tiempo, esta elección buscaba hacer puente con las prácticas y experiencias propias de varios de los y las estudiantes miembros de la comunidad boliviana que participan del espacio.
En este sentido, la dinámica en cada uno de los encuentros estuvo apuntada a trabajar desde la propia experiencia personal de los estudiantes, a tomar como punto de partida la propia historia y la forma en que se interconectaban sus vidas con los distintos acontecimientos sociales, como ellos habían influido en sus historias personales. Desde este punto de partida, y desde la construcción de un aparato conceptual que iba siendo extraído progresivamente del trabajo colectivo desarrollado en el aula se fue generando la búsqueda de construcción de un relato sobre el pasado latinoamericano común, conectado con los propios usos populares del pasado1 que aparecían como saberes previos de los estudiantes.
Algunos de los conceptos que aportaba el análisis de la Historia Antigua se enmarcaban ya no sólo en la disrupción generada por el surgimiento del Estado, sino también en los formas específicas que corresponden a las sociedades contra-estatales. De ahí fueron apareciendo conceptos tales como: Poder, prestigio, parentesco, burocracia, jefatura, monopolio de la violencia, excedente, apropiación-expropiación-propiedad comunal -propiedad privada,  horizontalidad, tributo, guerra, dominación.

Historia y Ficción

Hacia los últimos meses del primer año del Bachillerato, planteamos la posibilidad de articular entre dos materias (Historia y Geografía junto a Lengua y Literatura)  una actividad conjunta. En función de lo trabajado durante el transcurso del ciclo -las temáticas ya presentadas- se buscaba la escritura de relatos históricos para indagar sobre estas historias.
Los objetivos planteados durante el año en Lengua y Literatura habían ido, gradualmente, incorporando prácticas de escritura en las que les estudiantes pudieran también ser narradores de sus propias historias. La experiencia se ubicó también en diálogo con las trayectorias individuales de les estudiantes: muches de elles llevaban muchos años por fuera de ámbitos escolares (o pedagógicos) y la práctica de la lectoescritura tenían puntos de partida muy distintos dentro de la diversidad de edades e historias de vida particulares.
Escribir desde el recuerdo, desde la anécdota o la historia personal (Klein, 2008) es una práctica muy potente que permite volver a tomar contacto con la escritura en una clave también de problematización y reconfiguración de nuestras prácticas: nos acerca a cierto grado de pensamiento crítico sobre lo que hacemos, sobre nuestra manera de habitar el mundo y de entrar en relación con los otros. En ese sentido, el trabajo puntualmente con la escritura de ficción, puede servir también para disputar la constitución misma de los relatos canónicos e instituidos, los megarelatos sancionados como “Historia”, al ponernos en contacto con el mismo proceso de escritura del que aquellos textos fueron obra.
Una de las cuestiones a reparar en el trabajo con la ficción es el lugar común instituido que la sitúa en el espacio de “lo irreal” o “la mentira”. Al decir de Wolfgang Iser, “las ficciones no son el lado irreal de lo real, lo opuesto a la realidad que nuestro “conocimiento tácito” todavía las lleva a ser, sino que, ellas son, condiciones que permiten la producción de mundos” (Iser, 2004).
Una vez más lo que se pone en juego es como señala Paul Ricoeur que “la ficción tiene esa capacidad de “rehacer” la realidad y, de modo más preciso en el marco de la ficción narrativa, la realidad práxica, en la medida en que el texto tiende a abrir intencionadamente el horizonte de una realidad nueva, a la que hemos podido llamar mundo.” (Ricoeur, 2000). Por lo tanto, no ubicamos a la ficción en el lugar de lo fantástico, sino dentro de una dimensión epistemológica: la ficción se vuelve una clave para la comprensión y aprehensión del mundo. Enfrentar los relatos históricos signados como verdades y transformarlos en complejos procesos de producción textual, amparados en relaciones de poder fuertemente históricas e ideológicas y en un contexto producto de las luchas simbólicas y materiales por el sentido de las prácticas es parte de la tarea que se puede hacer a partir de la escritura.

El aula como trinchera

Como marco de esta experiencia retomamos la instancia planteada por Henry Giroux por la que la escritura en el aula se presenta como una propuesta pedagógica fundamental para pensarla en el contexto de la transmisión y problematización de lo que recibimos culturalmente como herencia. En su planteada “pedagogía de los límites”, el aula se convierte en un “espacio seguro”, dónde la autoridad del docente en el espacio aúlico se vuelve una garantía de la búsqueda de lecturas críticas, interpretaciones, pero también de producciones escritas que disputan el sentido, que rompen con el canon. En esa operación fundamental, se puede percibir la intervención en el espacio y el tiempo, que discute con un pasado y deja nuevas producciones, nuevos textos que transmiten posturas, ideológicas y políticas (con miradas desde los géneros, la clase, la etnia, la sexualidad) que pueden luego ser retomadas y discutidas.
En el contexto de la experiencia encarada desde Lengua y Literatura e Historia y Geografía,  vale la expresión “una lectura crítica no sólo del modo en que el pasado informa al presente, sino también de la forma en que el presente lee al pasado” (Giroux, 2003:218). Las distintas formas de acceder al pasado, a la construcción de un relato sobre esa historia que aún hoy nos atraviesa, es poniendo en juego esas representaciones en nuevos textos.
Volviendo sobre Giroux, y reponiendo el contexto de sus planteos: la discusión sobre el fin de la historia y el horizonte de trinchera contra estas teorías que eran las aulas, pensando a los docentes como intelectuales y militantes: se “reafirma como una práctica pedagógica la reescritura de la historia por medio del poder de la voz estudiantil. Esto apunta a la práctica de la contramemoria como medio de construir formas sociales democráticas que autoricen y desautoricen subjetividades e identidades específicas: la democracia se convierte, en este ejemplo, en un referente para comprender como la vida publica organiza las diferencias y qué significa esto para la autodefinición de escuelas, docentes y alumnos como sujetos políticos, ciudadanos que actúan dentro de configuraciones particulares de poder.” (Giroux, 2003:218)
Al mismo tiempo, la dinámica de la escritura, el proceso de intercambio de los materiales entre les estudiantes y las relecturas de manera colectiva implicaron un importante camino de ida y vuelta en la producción de los textos por parte les mismes estudiantes. El trabajo de análisis realizado sobre los escritos ampliaba la mirada sobre los acontecimientos. El proceso de recrear mundos con un grado de coherencia en el relato favorecía largamente la apropiación de la temática, los conceptos  y la interrelación que se establecía entre los distintos aspectos trabajados. Haciendo hincapié en lo verosímil, en qué cosas tienen sentido en cada período histórico, qué elementos podían encontrarse, qué formas de nombrar, etc.  El modo de habitar así el relato histórico se daba desde la apelación a la propia experiencia vital y sensible desde la cual los sujetos pueden encontrarse a sí mismos vivenciando una situación, un momento, una problemática y activando los vínculos entre la propia vida y el relato. Devuelve al quehacer histórico una conexión con conflictos propios de la vida tanto desde lo individual como desde lo social. La incorporación de los acontecimientos en una red de interrelaciones habilita la posibilidad de relacionar conceptos y procesos con experiencias históricas vividas por los propios estudiantes como parte de un contexto social. La práctica, opiniones, intereses de los personajes construidos ficcionalmente en sus relatos dialogaban con sus trayectorias y experiencias.
En lo que tiene que ver con la dinámica de las clases, en las que confluíamos docentes de las dos materias, tomando extensos espacios de tiempo áulico para las producciones, era especialmente importante el proceso de lectura del texto propio de les estudiantes. Esto permitía detectar al mismo tiempo los problemas que se suscitan en la elaboración del texto en un sentido no sólo histórico sino también del uso del lenguaje. La escritura se vuelve de esta manera una práctica que establece otro tipo de vínculo con el conocimiento, en el cual no se produce una incorporación pasiva de conocimientos impartido por un otro sino la producción de un saber histórico vivido de manera experiencial, construido, modificado, reelaborado a partir de la posibilidad de encontrar en el propio relato un texto coherente, compartible y fundamentalmente con la carga de creatividad y expresión que refuerza en el estudiante su necesidad de dar cuenta de sus propias necesidades y deseos, de la propia subjetividad.



Los límites y las potencias

¿Qué dificultades encontramos cuando llevamos adelante esta tarea? Las complejidades de este tipo de actividades son muchas y de diverso tipo. Están las que tienen que ver con la práctica concreta, en el tiempo, de dedicación al trabajo en clase, a dar tiempo para que las escrituras de todos y todas se fueran desarrollando y se dieran también las reescrituras, comentarios, reflexiones. Lo más significativo es cuánto de la práctica de escribir-historia puede movilizar y poner en juego las expectativas sobre temas que quizás son difíciles de abordar desde lo teórico o a partir de la lectura de libros de texto.
¿Cuánto hay de reproducción y cuánto de creación? Ahí tenemos que considerar también los límites propios del lenguaje y los textos con los que fuimos formados también nosotres como docentes, como estudiantes, como sujetos. La mediación de los textos y el proceso de complejización de esa relación no se agota en la práctica de la lectura crítica ni es un proceso que se clausure en un determinado momento. Siempre estamos revisando nuestros paradigmas y nuestra propia formación. Y eso es, también, una potencia de la práctica que permite confluir la “formación” de les que hacíamos las veces de docentes-coordinadores del espacio áulico.
La complejidad se presenta también en los límites a la intervención de los docentes en las escritura de les estudiantes. El trabajo de acompañamiento de la escritura es fundamental en la confianza de estudiantes a les que se les presentan dificultades por la falta de práctica. Uno de los problemas que se presentó fue la demarcación del límite entre el aportar una observación sobre lo escrito y la imposición de alguna idea o propuesta allí donde el estudiante presenta dudas e inseguridades. En un primer momento, la más mínima observación puede ser tomada como invalidación del texto, o se busca la palabra del docente para solucionar una duda sobre el texto, una imagen que se ajuste a “la verdad” de la situación histórica trabajada (de modo que esta sea dicha por el docente y esquive el problema de la inseguridad que genera la aprobación o desaprobación).
En ese sentido, las marcas del sistema educativo formal son una de las piedras más complejas a desandar en la búsqueda de otras formas de aprendizaje. La incertidumbre del estudiante se convierte en presión sobre el docente y puede llevar a resolver el problema a través de la sustitución del nuevo escrito en lugar de ofrecer la herramienta al otro para poder hacerlo.
Otro problema asociado a ello pasa por la ansiedad de estudiantes y de docentes frente al proceso de aprendizaje. La pretensión de un texto escrito “correctamente” en el contexto de una experiencia pedagógica nueva produce como peligro un mayor grado de intervención en el proceso de trabajo. Esto se ve agravado dado que los tiempos de cierre de la materia y las cuestiones de calendario escolar fuerzan a tener que resolver con apuro muchas de las producciones. En la medida que  justamente se trata de una nueva experiencia, tanto para el que escribe como para el docente, lo importante se vuelve el mecanismo de trabajo, el aprendizaje de la metodología y la capacidad de observación, transformación de la práctica y la crítica frente al fruto de la producción y ya no tanto la pretensión de calidad que debe exigirse en el resultado. La evaluación, como a lo largo de toda la tarea, es un nuevo paso del aprendizaje y no un punto de llegada


Apostillas sobre los textos

Resulta interesante volver sobre los textos de les estudiantes para reflexionar acerca de lo que esta experiencia significó en la perspectiva que señalábamos más arriba.
Lourdes, una de las estudiantes, tituló su relato “El Tawantinsuyu”. En él se pone el foco en unos personajes en el contexto del Ayllu2, un joven (Pikichaqui) y una mujer (Kusikullor). En el abordaje de cosas que les podrían haber ocurrido a estos personajes, puestos en juego, la mirada se centró en el rol de las mujeres en el ayllu, haciéndose cargo de la situación de su comunidad ante la ausencia de los guerreros. Aparece representada la mujer en un lugar de fortaleza. Charlando con Lourdes sobre los motivos de esa construcción ella marcó que las mujeres siempre marcharon al frente y sostuvieron a sus comunidades, y trazó una continuidad en el tiempo entre las situaciones que tematizaban en el texto (siglo XV ó XVI) con la historia de lucha más reciente de los pueblos originarios de la zona de Bolivia y el norte argentino. Tomando este caso como ejemplo, podemos notar cómo en ciertos procesos de la escritura del texto fue un ir y venir de los trazos en el papel, las correcciones, los comentarios, las argumentaciones de manera oral y escritura de lo que se intentaba dar a entender. Los textos, por lo general, tenían una característica que no es para nada desdeñable: la posibilidad de poder luego reproducirse, imprimirse, compartirse y replicarse. Usarse como disparador para nuevas discusiones, sí, pero también la función nada menor de contar una historia, una lectura sobre la historia y una expresión de una subjetividad. Como toda enunciación, siempre ésta es situada y no puede leerse por fuera de su contexto.
En muchos casos, lo que ocurre es que se presenta la situación en primera persona o como testigos privilegiados, como si pudieran meterse en esa situación y relatarla. Quizás, en algunos de los textos, como el de otra estudiante, Miriam, titulado “Un día soleado” se encuentra esta voz individual: “(...) Yo estaba en los campos de maíz, recolectando con otras mujeres comida para el ayllu. Mi padre, el cacique, se preparaba para salir  a cazar  con los mejores  hombres  de la comunidad, entre los cuales  estaba  mi futuro  esposo, el jefe  de los cazadores (...)” y en el relato siguiente se narra una secuencia de la conquista, con el punto de vista en primera persona de una mujer de esa comunidad en la que se cuelan apreciaciones hechas desde la voz que narra que son propias de una lectura desde el presente histórico. Es complejo de pensar cómo, en la transposición, también el lenguaje con el que se relata está habitado por las marcas de esa conquista primigenia: cómo referirse a los conquistadores, cómo marcar las relaciones de parentesco o al interior de la comunidad, aunque en otros casos también se recuperan palabras que han llegado a nuestros días no sin menos mediaciones como el caso de los nombres de los personajes elegidos por los y las estudiantes. En el último texto mencionado, es significativo cómo aparece la voz de la protagonista, contando la historia desde el cautiverio post-conquista, hacia el final del texto: “En ese momento empezó la guerra. Los violentos tomaron a mi gente como esclavos. Yo me defendí de los violentos, pero sin querer maté a su jefe con una lanza y terminé prisionera. Ahora sigo encarcelada, estoy muy triste, extraño a mí gente. ¿Saldré o no saldré?”.
En los cruces entre el presente de la narración y el pasado en la Historia, hay también huellas de la subjetividad. Un caso que podemos destacar es el registro de escritura del texto de Adrián, dónde el relato se enmarca en una carta firmada por “Francisco “el gallo” Pizarro”. El guiño, en ese caso, es a “Gallo” por el apodo del Club de fútbol del que Adrián es hincha: Deportivo Morón. Y, no es menor, que aparezca una mirada desde les conquistadores, pero viendo cosas que quizás podríamos esperar leer de otra manera en los documentos de aquella época. El punto de vista del conquistador convaleciente explicando los motivos que lo llevaron a nuestro continente.
En otro de los cuentos, titulado “El Padre de la Criatura”,  la referencia a la década del ’90 y el gobierno menemista es una constante en cada una de las intervenciones. El texto narra el vínculo entre un curaca3, su comunidad y Estado Incaico al momento de la Conquista española de los Andes.
El contexto previo esta dado por la ruptura de la lógica igualitaria del ayllu por la expansión del Estado Incaico en toda la región de los Andes y por la forma en que se daban los nuevos mecanismos de legitimación de dicha dominación a través de los curacas locales. En este caso se observa cuál es el rol de un curaca en esta dinámica. La negociación entre el curaca y el Imperio, el ofrecimiento que el Tanwantisuyu hacía a los curacas al llevar a sus hijos a formarse junto a la elite cuzqueña y por último, el aprovechamiento que hacen de estas prácticas los conquistadores españoles en la reorganización del Imperio.  El juego que el autor realiza en este cuento es el de un constante paralelismo con el gobierno menemista y sus constantes negociaciones con los distintos organismos de poder internacional como forma de someter económicamente al pueblo. Lo interesante se observa en la forma en que se trabajó esta articulación, la apelación al parentesco, la relación trazada entre el Imperio incaico y los imperialismos del presente y de los modos en que se presentan las formas de legitimación del poder.


A modo de conclusión

Aunque es mucho lo que quedó pendiente de decir y problematizar a partir de la experiencia abordada, creemos que éste un trabajo introductorio. Hay que seguir indagando en los textos producidos; en los procesos que se fueron articulando alrededor de esta práctica; de los intercambios entre estudiantes-docentes y cómo esa relación, esa tensión entre los roles en el aula puede favorecer un proceso de reflexión así como puede tener una excesiva función tutelar. Queda, como horizonte, replicar la experiencia en otros espacios -o en el mismo con nuevas camadas de estudiantes y de docentes-, participando activamente en el proceso, en la reconfiguración de esta práctica a partir de sus saberes previos y trayectorias personales que siempre actualizan la experiencia.          En consecuencia con esto último, podemos volver a citar -en extenso- a Giroux, a propósito de esta experiencia de escritura en un contexto como el propuesto desde las materias de Historia y Geografía y Lengua y Literatura de nuestro Bachillerato Popular: “Los alumnos son autores de sus propias voces y construyen identidades sociales. Hay que tomar en serio el conocimiento y las experiencias que constituyen las voces individuales y colectivas gracias a las cuales los alumnos se identifican y otorgan significado a sí mismos y a los otros, y recurrir a lo que saben de su propia vida para criticar la cultura dominante. La experiencia estudiantil tiene que entenderse y reconocerse, ante todo, como la acumulación de acuerdos y relatos colectivos que dan a los alumnos una sensación de familiaridad, identidad y conocimiento práctico. Dicha experiencia debe afirmarse e interrogarse críticamente. Además, es preciso afirmar su construcción social e histórica y entenderla como parte de una lucha más amplia por la voz” (Giroux, 2003:223)
Es en la doble vía abordada de escritura y el estudio de un período histórico, desde una determinada perspectiva que se generan las condiciones para este tipo de prácticas de enseñanza/aprendizaje. Lo que decíamos antes sobre el carácter de la enunciación, siempre situada, siempre en el contexto de un tiempo y un espacio específicos abre el campo hacia lo más deseable de esta propuesta: seguir escribiendo historias, multiplicando las voces que relaten, cuestionando los relatos que se nos presenten como dados y asumiendo la tarea fundamental de seguir siendo protagonistas de nuestras propias luchas.

Notas
1 Producción Colectiva: En Boca de Todos. Apuntes para divulgar Historia. Editado por Nosotros Mismos, Chacarita, 2009, Pág. 28
2 El Ayllu es la unidad de sociabilidad básica en las los Andes, la cual data de tiempos inmemoriales y pervive aún en la actualidad. La definición de este concepto ha suscitado amplios debates entre historiadores y antropologos , pero básicamente podemos decir que se trata de un grupo de personas que se reconoce como parientes y descendientes de un antepasado común y que por ende entabla vínculos reciprocitarios derivados de esta condición de filiación. El ayllu conlleva a una serie de obligaciones para sus miembros entre las cuales esta la organización de festividades para toda la comunidad o el mantenimiento de los antepasado , a su vez la localización del mismo  puede estar circunscrito a un determinado territorio (aunque no necesariamente).
3 El Kuraca es el término para designar al líder del ayllu o de otras formas de organización más amplias en los andes, y en tanto tal debía cumplir con una serie de obligaciones para con la comunidad a cambio del mantenimiento de su rol. Varios teóricos afirman que el poder de los Kuracas se cristalizó a partir de la expansión y conquista de territorios por parte de los incas, ya que aquellos funcionaban como nexo mediador indispensable entre la comunidad y el Imperio e incluso con la llegada de los españoles parece haberse mantenido esta situación.
4 Agradecemos a Daniela Carballo por la lectura atenta y los aportes en las definiciones de estas notas.


Bibliografía
Bouysse Cassagne, Therese (1987): La Identidad Aymara. Aproximación histórica (siglo XV-XVI), La Paz, Hisbol, Págs.207-256.
Campagno, M. (1998): “Pierre Clastres y el surgimiento del Estado. Veinte años después”, en Boletín de Antropología Americana, vol. 33, pp. 101-113.
Clastres, Pierre (2004): Arqueología de la violencia: la guerra en las sociedades primitivas, FCE, Buenos Aires.
___________ (1981): Investigaciones en Antropología Política. Gedisa, Barcelona.
___________ (1978): La sociedad contra el Estado, Barcelona.
Flannery, K. (1975): La evolución cultural de las civilizaciones, Barcelona, Anagrama, pp. 7-21
Foucault, Michel (2004): Vigilar y Castigar, Siglo XXI editores, Argentina, Buenos Aires.
Giroux, Henry A. (2003): “6. La pedagogía de los límites en la era del posmodernismo” en Pedagogía y política de la esperanza, Amorrotu editores, Buenos Aires.
Gluz, Nora (2009): “De la autonomía como libertad negativa a la construcción de proyectos colectivos: la escolarización en los movimientos sociales”, en Feldfeber, Myriam, Autonomía y gobierno de la educación. Perspectivas antinomias y tensiones, Aique, Buenos Aires.
Iser, Wolfgang (2004) “Ficcionalización: la dimensión antropológica de las ficciones literarias”, Universidad de Constanza, Universidad de California, Irvine; Cyber Humanitatis Nº 31 (Invierno de 2004)
Klein, Irene (2008): “La ficción de la memoria”, Prometeo Editores, Buenos Aires.
Murra, John V. (1975): Formaciones económicas y políticas del mundo andino, Instituto de Estudios Peruanos, Lima-
Producción Colectiva (Zdrojewski, Luciano;  Cortés, Pablo; Guerra, Ana; Chiaraviglio, Aldo; Veliz, Romina; Braña, Martin; Adamovsky, Ezequiel) (2009): En Boca de Todos. Apuntes para divulgar Historia, Editado por Nosotros Mismos, Chacarita.
Ricoeur, Paul (2000): “Narratividad, fenomenología y hermenéutica”, en Análisis 25.